Avisamos: estamos cansadas, pero no rendidas, de Elena Blasco Martín

    ARTÍCULO de opinión de Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras, para la revista El Siglo de Europa, publicado el día 1 de febrero de 2019.

     

    04/02/2019.
    Artículo de opinión de Elena Blasco Martín para la revista "El Siglo de Europa".

    Artículo de opinión de Elena Blasco Martín para la revista "El Siglo de Europa".

    EN ESTOS DÍAS de recuerdo a Rosa Luxemburgo, con motivo del centenario de su asesinato, rescatamos las siguientes palabras que pronunció en 1914: “Proletarias, las más pobres de los pobres, las más desposeídas de derechos de todos los desposeídos de derechos, apresuraos a la lucha para la liberación del sexo femenino y del género humano del horror del dominio del capital”. Hoy, hacemos nuestras estas palabras, pues la lucha contra el capitalismo patriarcal, contra el crecimiento de las desigualdades, viene de lejos.

    Que las mujeres estamos integradas plenamente en el mundo del trabajo es una realidad incuestionable: somos el 45,5% de la población ocupada y somos el 98% de quienes trabajamos en el cuidado, la atención y las llamadas “labores domésticas”, sin que por ello recibamos salario. Por tanto, restar importancia o sustantividad al hecho de que contribuimos no sólo a la riqueza productiva del país, sino además al bienestar social, sería de todo punto absurdo e injusto.

    Como en todo, el componente cuantitativo tiene su valor, pero no es de ninguna manera el único o el más importante, pues tras él se esconde la desigualdad y la discriminación tanto en calidad como en derechos y condiciones de trabajo.

    Parafraseando el libro de Nuria Varela, Cansadas, creo que podríamos avisar de que “estamos cansadas, pero no rendidas”. Así nos sentimos, cansadas de ser las más pobres, de recibir los salarios más bajos, de soportar la infravaloración de nuestras tareas y profesiones, de aguantar las brechas en pensiones y protección social. Pero, rendirnos… ¡Jamás!

    Es en este punto donde debemos parar para centrar la mira en el enemigo, en la actuación a diseñar y en las acciones a desarrollar. Centrémonos en pedir justicia redistributiva en el reparto entre capital y trabajo mediante los salarios: en la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a esos 900 euros, en la subida del salario mínimo por convenio a esos 14.000 euros anuales.

    Centrémonos en la redistribución mediante el gasto social y los servicios públicos propios de un sistema de bienestar, aunque sea consiguiendo pequeños logros, como la subida de las pensiones, incluida la pensión de viudedad.

    Centrémonos en lograr como nuevo derecho subjetivo una Renta Mínima Garantizada y un sistema de protección social más igualitario.

    Centrémonos en erradicar el mayor atentado contra los derechos humanos: la violencia contra las mujeres.

    Centrémonos en hacer que las mujeres dejen de ser las más pobres, como indica el Foro Económico Mundial, que estima que no se acabará la brecha global de género hasta que trascurran más de 200 años.

    Que las mujeres seamos las más pobres y necesitadas (y, a veces, humilladas y olvidadas) es un serio problema para las democracias, para los poderes públicos y para los Gobiernos, sea cual sea su signo.

    No nos engañemos, las mujeres trabajamos, sí, cada vez somos más y mucho más preparadas, pero contamos con diferentes reglas en un mismo terreno de juego. Seguimos pagando los prejuicios y el insufrible virus de la precariedad, la desigualdad y la violencia. Y aunque, en términos generales, las diferencias parecen corregirse, sin embargo, se mantienen fallos en el sistema que son el síntoma evidente de que la “revolución violeta” tan sólo acaba de empezar. Y no puede parar de apretar en su avance.

    Este 8 de Marzo marcará un nuevo hito en el deseo de acabar con la desigualdad, la discriminación y la violencia, pero tenemos claro que no es ni será el único, y que, si queremos un avance real, éste debe construirse desde el día a día, desde la asimilación plena y eficaz del concepto de igualdad.

    Las mujeres puede que estemos cansadas, pero no nos rendiremos jamás.

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