Nos oyeron el 8M, nos oirán el 28A, de Elena Blasco Martín

    LLEVO MESES diciendo que si el año pasado hicimos Historia, este año cambiaremos la Historia. Visto lo visto hace unas semanas en las calles de las ciudades de nuestro país y del mundo, seguimos caminando en esa senda. Artículo de opinión para la revista Contrainformación.

     

    18/03/2019.
    Madrid, 8 de Marzo de 2019, fotografía de Julián Rebollo.

    Madrid, 8 de Marzo de 2019, fotografía de Julián Rebollo.

    UNA HISTORIA escrita en violeta, escrita con paso firme y decidido siendo conscientes de las discriminaciones, desigualdades y la violencia que nos acechan. Sabemos bien que nadie luchará por nosotras, que debemos seguir adelante, no retroceder, no desfallecer, no rendirnos… ¡Jamás!

    El 8 de Marzo es una fecha de reivindicación, de lucha y si a alguien le quedaba alguna duda, ya se encargaron de hacernos saber de la manera más cruel posible, que nuestro grito debe mantenerse vivo. Asesinaron a tres mujeres en ese mismo fin de semana, una de ellas, apenas recién inaugurado el día.

    ¿Cómo mantener la cordura, la templanza, la fuerza ante tales atrocidades? No es una pregunta retórica, la respuesta es clara. Por la indiferencia, la invisibilidad, la humillación, el negacionismo y la deshumanización de quienes apenas pasando unas horas de tales injustificados sucesos e intolerables comportamientos y acciones, deciden ir a un plató de televisión, ponerse tras un micrófono o sentarse en la mesa de una radio, para soltar lo primero que les pasa por la cabeza, y por supuesto no es condenar esta atrocidad, sino mas bien, cuestionarse como debe ser el feminismo, negar la violencia machista y justificar su no presencia en la histórica movilización del 8 de Marzo. Eso, en sí mismo, es otra forma de violencia contra nosotras.

    Estábamos todas las que luchamos cada día, sea o no 8 de Marzo, estábamos las que mantendremos viva la Revolución Violeta, estuvimos las que necesitamos estar e incluso estuvieron muchas que nos quieren domesticar. Aquellas personas que -como perros de Pávlov- reaccionan de manera simultánea al primer estimulo, un reflejo que preocupa y desde luego responde a la más animal de sus reacciones, la defensiva.

    Desde el mismo momento en que se produjo el 8 de Marzo del año pasado, asistimos a una especie de histeria de aprovechamiento del discurso feminista. Sorprende que hasta ese momento no supieran del valor del mismo, la repercusión mediática y la trascendencia electoral que puede tener, al ver la fuerza de su irrupción en la coyuntura social se apresuraron a abrazarlo.

    Y es algo que hasta puede llegar a ser justificado. Algo comprensible para quienes, alertados de las ansias electoralistas, utilizan el discurso feminista en beneficio propio, asumiendo como suyos, argumentos, líneas de acción y propuestas sociales, con claros fines de campaña.

    Pero también surgieron otras manifestaciones, injustificadas, intolerables e incluso denunciables, alimentadas por una clara deformación de ese mismo discurso feminista, para humillar, arrebatar y atacar a las mujeres, a sus derechos y a sus libertades.

    Estamos en pleno siglo XXI y hay cuestiones que fueron superadas, y otras que, aún teniendo que haberlo sido, de repente se cuestionan. No hay justificación ninguna para comenzar debates del propósito que tiene el feminismo. Hace un año a nadie se le hubiera ocurrido pensar que aquel movimiento de mujeres surge como fuerza soberana que busca el exterminio del hombre. Hoy, ese es el argumento que utiliza la rancia y apolillada derecha, “centrista” y radical con pavor y el miedo, ante la posibilidad de perder sus históricos privilegios masculinos.

    El feminismo es inclusión, es solidaridad, es respeto, es sororidad, no es una oleada, un tsunami, ni una moda, el feminismo es justicia, equilibrio, equidad y ante todo un movimiento ideológico con gran capacidad trasformadora que engloba lo social, lo político, lo económico y lo cultural, con el fin único de igualdad de derechos entre mujeres y hombres.

    Teniendo esto presente, el atacar, el negar, el adoctrinar en contra de ese feminismo integrador que se ve, se escucha y se siente cada 8 de Marzo es a todas luces un ataque directo a la misma esencia de la democracia. Una democracia con una carta magna, que aun no siendo todo lo que nos hubiera gustado, es la misma sobre la que se establece la convocatoria de elecciones autonómicas, locales, europeas y generales, que deben como paso el 8 de Marzo, dejar claro que la ciudadanía en general, espera propuestas y respuestas sociales de sus dirigentes políticos. Y las mujeres en particular la deseada igualdad que tanto nos está costando a pesar de ser un elemento clave para el Estado de bienestar.

    La participación de las mujeres en las próximas elecciones democráticas es clave para hacer virar al mundo, un mundo donde se nos permita ser lo que queramos ser. Y en donde el “ser mujer” no lastre, no penalice, no frene, ni justifique la desigualdad, la discriminación y, mucho menos, la violencia.

    En un mundo en donde parece que la individualización de los problemas es la clave de la supervivencia, el gran triunfo del pasado 8 de Marzo es, precisamente, el mostrar como la fuerza de lo colectivo posee mayor poder transformador. La Revolución Intergeneracional Violeta es el vivo reflejo de que la vida cambia de rumbo y de que la justicia social debe pasar, inevitablemente, por la justicia de género.

     

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