Género, clase, interrelación o jerarquía, de Alba Garcia

    ALBA GARCIA Sanchez (Secretaria de Dones i Polítiques LGTBI de CCOO de Catalunya) escribe el siguiente artículo de opinión para la sección "30 días, 30 opiniones" en la sección Feminismo de la revista digital Contrainformación, publicado el 29 de octubre de 2019.

    30/10/2019.
    Fotografía de Txefe Betancort.

    Fotografía de Txefe Betancort.

    LA HISTORIA del movimiento feminista está ligada a la lucha de clase y viceversa. Ambas pretenden romper el orden establecido.

    Nuestra sociedad está supeditada a dos sistemas íntimamente relacionados: capitalismo y patriarcado, que histórica y constantemente se han necesitado y retroalimentado.

    La opresión de género en las sociedades capitalistas tiene sus raíces en la subordinación de la reproducción social a la producción de mercancías con el fin de obtener beneficios.

    El capitalismo no inventó la subordinación de las mujeres pero estableció nuevas formas de machismo e instituciones que las sostienen y las perpetúan. Su táctica fue separar la creación de personas de la creación de beneficios, y asignar esta tarea a las mujeres. Y aunque la reproducción social sea una necesidad vital para todas las personas a lo largo de todo el ciclo de vida, se indujo a pensar que no había que valorarla porque recaía en las mujeres y éstas tenían dotes “innatas” para llevarlas a cabo.

    El movimiento feminista, ya en los años 70, como hicieran otros movimientos sociales se rebeló contra el poder del sistema capitalista pera a diferencia de éstos también puso encima de la mesa la existencia del patriarcado, es decir todo aquello que oprimía a la mayoría de las mujeres y a la mayoría de la población. El feminismo ha sido, y sigue siendo, una respuesta contundente para romper las cuerdas que atan a las personas a uno y otro: la defensa de los derechos sexuales y reproductivos, la independencia económica, el derecho al trabajo asalariado, a cobrar igual por trabajo de igual valor, al reconocimiento de los trabajos de cuidados y doméstico, a una vida libre de violencias machistas, a la igualdad y no discriminación ante las leyes. Pera también al derecho a tener derechos sociales y políticos, a ser ciudadanas libres.

    El capitalismo, ante ese y otros desafíos de movimientos sociales como el pacifista o el ecologista, se ha recrudecido y en los últimos 50 años y ha buscado, de todas las maneras posible, recuperar su orden, su poder. Constantemente se rearma y casi simultáneamente a la contestación de los movimientos sociales ha diseñando cómo cortar de raíz todas esas disidencias y desafíos de feministas, ecologistas, pacifistas, indígenas, anticapitalistas. Históricamente ha creado instituciones, ha controlado el poder económico y también político, ha convencido a la ciudadanía que con el individualismo se llega a ser libre, que todo vale.

    Ha generado crisis, la última una de las más feroces desde los años 30 del siglo pasado; busca beneficios ilimitados sin ningún tipo de pudor, llevando al límite la extracción de recursos naturales, apropiándose de la tierra y del agua, privatizando y expoliando pueblos, contaminado.

    Pero no solo ha restringido y expoliado la fuerza de trabajo llevando al límite la explotación de la mayoría de la población, sino que la está llevando al límite aprovechándose de toda la fuerza de trabajo no remunerado, el de cuidados y doméstico.

    En 2007-2008 lo que empezó con una crisis financiera sacudiendo de manera global la vida cotidiana de la mayoría de la población ha puesto de relieve las demás crisis: la económica, la ecológica, la política y también la de cuidados. Una crisis global de toda una organización social, creada y diseñada por y para el mismo capitalismo. El neoliberalismo ha puesto en jaque su propio modelo.

    Las crisis también suponen una oportunidad para movimientos indígenas, de migrantes, para dignificar la educación, mantener una sanidad pública y universal, por la emergencia climática, la preservación de los recursos naturales, contra el extractivismo, por el agua y la tierra, por los derechos humanos de las personas refugiadas, contra la privatización y la apropiación de todo aquello que los seres humanos necesitan para vivir, por los derechos sexuales y reproductivos (que impactan especialmente en las mujeres)... No es casual que la mayoría de todos estos movimientos sociales estén liderados por mujeres.

    No hay clase sin reproducción, la lucha de clases no lo es sin el feminismo y la lucha feminista es genuinamente anticapitalista.

    El neoliberalismo ha atacado ferozmente las condiciones de vida y las condiciones laborales. Las dos están relacionadas y las dos son objeto de transformación para las mujeres. El neoliberalismo ha hecho más vulnerable a mucha más gente. La vulnerabilidad de las condiciones de vida también las hace más vulnerables en el lugar de trabajo: la inseguridad, la precariedad, la pobreza laboral, el acoso sexual y por razón de sexo, la esclavitud y la exclusión son una realidad para millones de personas, especialmente mujeres y menores, en todo el mundo.

    El término “clase” debería incluir todas las cuestiones de género, la interseccionalidad, y las múltiples desigualdades que afectan a la gran mayoría de la población. Las luchas que desafían la opresión social, también son luchas de clase. Por tanto, la lucha de clase también debe abrazar, más allá de la reivindicación histórica del salario, las condiciones laborales y las condiciones de vida.

    Quizás hay que considerar el potencial transformador del feminismo para romper con un capitalismo que fagocita a todas las personas, al planeta y a los recursos y que nos expulsa de la propia vida.

    Clase y género, pues, están estrechamente vinculados e interrelacionados si se tiene una mirada feminista del y para el 99% de la población que no tiene en sus manos la propiedad de los medios de producción ni la propiedad del dinero (Manifiesto para el 99%) (1).

    Alba Garcia es secretaria de Dones i Polítiques LGTBI de CCOO de Catalunya.

    (1) Manifiesto de un feminismo para el 99%, de Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya y Cinzia Arruzza. Barcelona, 2019: Herder Editorial.

    Esta web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar su navegación. Si continúa navegando está dando su consentimiento para su aceptación y nuestra politica de cookies, haga click aqui para más información y ver cómo desactivarlas.