Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 7 diciembre 2025.

REVISTA TRABAJADORA 87 (SEPTIEMBRE 2025)

Sociedad / Cuando hablamos de absentismo y deberíamos hablar de ejercicio de derechos, de Carmen Mancheño Potenciano

    DESDE LA SECRETARÍA CONFEDERAL de Salud Laboral y Medio Ambiente estamos desplegando desde hace unos meses una campaña de comunicación sobre un tema recurrente y que actualmente se ha situado en el centro del debate social, político y laboral: el absentismo.

    17/10/2025.
    Imagen de la campaña #DerechoNoEsAbsentismo

    Imagen de la campaña #DerechoNoEsAbsentismo

    El absentismo no es un dato estadístico que, como tal, sea publicado de manera oficial, pero se está utilizando de forma sesgada para generar un relato que cala en la opinión pública y que presenta a las personas trabajadoras como responsables de ausentarse del trabajo, da igual cuál sea la causa, sin diferenciar si se trata de ausencias con cobertura legal y totalmente justificadas o si se corresponde con ausencias sin justificación.

    Sin apenas darnos cuenta, y a través de campañas mediáticas, se traslada a la sociedad que el absentismo es un grave problema para las empresas y para el país, y de forma inmediata se focaliza el discurso en la incapacidad temporal, generando un debate engañoso que pone el foco en el fraude de la persona trabajadora en situación de baja laboral o en unos ineficientes Sistemas Públicosde Salud o de Seguridad Social, deslizando de manera encubierta la idea de la picaresca, del abuso y del fraude de las bajas laborales, con el objetivo claro de cuestionar los derechos a la población trabajadora y, al mismo tiempo, buscando ejercer un mayor control sobrenuestro tiempo y nuestra salud.

    No es socialmente aceptable que el ejercicio de derechos laborales, como la maternidad o paternidad, la formación, las vacaciones, el crédito sindical, la incapacidad temporal por contingencias comunes, las contingencias profesionales, la prestación por riesgo durante el embarazo o la lactancia y, en general, cualquier permiso retribuido previsto en el Estatuto de los Trabajadores o en los Convenios Colectivos se considere absentismo, obviando de manera deliberada que, tras este aumento de las bajas laborales, existen factores estructurales que están incidiendo. Entre ellos el envejecimiento de la población trabajadora, el empeoramiento de los tiempos de respuesta de los sistemaspúblicos de salud o las condiciones de trabajo que nos enferman.

    Solo algunos datos para mostrar estos factores: la población trabajadora en España muestra un intenso envejecimiento, la edad media ha aumentado en más de cuatro años en lo que va de siglo y vamos a seguir envejeciendo, lo que consecuentemente aumenta las dolencias crónicas y anticipa un empeoramiento de las bajas laborales. Según el Ministerio de Sanidad, el porcentaje de pacientes con una cita en un médico especialista a más de 60 días ha subido encasi 12 puntos desde 2018. Si tardan en darte la cita con el médico, y después con el especialista, y después para las pruebas, y para una posible intervención quirúrgica o rehabilitación… claro que se produce un alargamiento de las bajas. Las condiciones de trabajo influyen en las bajas. Según diferentes estudios, en torno al 17 % de las incapacidades temporales estarían asociadas a las condiciones de trabajo y cursan como contingencias comunes, lo que incide directamente en la infradeclaración de las enfermedades profesionales y el fraude que se ejerce cuando desde las Mutuas colaboradoras con la Seguridad Social se derivan al Sistema Público de Salud los daños de origen profesional. 

    Como en todas las cuestiones del ámbito laboral, el absentismo también tiene una mirada de género, y de entrada a las mujeres se nos considera más absentistas y menos comprometidas con nuestro trabajo; pero lo cierto es que ser mujer conlleva un mayor riesgo potencial de padecer una incapacidad temporal que un hombre. Esto no es algo deseado por las trabajadoras, sino que responde a una serie de factores relacionados con las desigualdades de género en el ámbito laboral y familiar, y que tienen que ver, por una parte, con el tipo de empleos que ocupamos mayoritariamente las mujeres y, por otra, con factores biológicos, reproductivos y de género. Es un hecho que las mujeres tienen una mayor incidencia y prevalencia de incapacidades temporales comunes, pero también lo es que tiene un menor coste total para la Seguridad Social, y que reflejala brecha salarial que atraviesa el mercado de trabajo.

    En primer lugar, las patologías traumatológicas y mentales generan más de la mitad de las bajas laborales y ambas tienen una mayor incidencia en las trabajadoras. Pero esta realidad es un claro reflejo de la posición de las mujeres en el trabajo y en la sociedad. En el ámbito laboral, la división sexual supone que las mujeres trabajan mayoritariamente en sectores como sanidad, educación, servicios sociosanitarios o servicios de atención directa y en puestos de inferiorcategoría, donde la exposición a movimientos repetitivos, posturas forzadas y riesgos psicosociales son más prevalentes (trabajos con altas exigencias físicas y emocionales y escasa autonomía), dándose además la “casualidad” que son los riesgos menos evaluados y que generan menos practicas preventivas en las empresas.

    Por otra parte, el hecho de que las trabajadoras asuman en mayor medida las tareas domésticas y de cuidado influye de dos formas distintas en las bajas por enfermedades comunes. En primer lugar, la doble jornada laboral (en casa y en el lugar de trabajo) provoca una sobrecarga física y mental que tiene un coste en términos de salud y, por lo tanto, de mayor enfermedad. Pero además estas dificultades tienen otra consecuencia en las bajas de las trabajadoras, que nunca se valora y que se refiere a que cuando las mujeres están en un proceso de incapacidad temporal siguen asumiendo las tareas domésticas y de cuidado, lo que hace que la recuperación sea peor y los procesos se alarguen y, muchas veces, se cronifiquen.

    Estas situaciones llevan a la realidad constatable de que las mujeres vivimos más, pero con peor salud, siendo la mayoría de las enfermedades crónicas, como dolor de espalda, artrosis, migrañas,ansiedad crónica, depresión, problemas de tiroides etc.., más prevalentes en mujeres, que además provocan un mayor consumo de psicofármacos y analgésicos, donde las mujeres duplican a los hombres.

    Por último, hay otro tema crucial en este contexto, y es que, además de los permisos de maternidad y paternidad, el hecho de que todas las molestias y problemas relacionados con la salud reproductiva como el embarazo, la menstruación y la menopausia contabilicen como contingencias comunes hace que evidentemente las mujeres tengamos más periodos de baja laboral, ya que por razones obvias solo inciden en el sexo femenino.

    En resumen, que las mujeres falten más al trabajo no es un problema aislado, sino un reflejo de las desigualdades estructurales que enfrentamos las mujeres en el ámbito laboral y familiar. Con todos estos elementos sobre la mesa, parece obvio la necesidad de adoptar medidas en varios sentidos. En el ámbito laboral hay que incorporar de forma efectiva la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales, así como favorecer mecanismos de corresponsabilidad en las empresas, sobre todo en la línea de flexibilizar la jornada laboral con el fin de que todas las personas trabajadoras puedan asumir en mejores condiciones sus responsabilidadesfamiliares.

    En el ámbito del hogar es urgente avanzar en la equidad en la asunción de las tareas domésticas y de cuidado. Pero, también es evidente la necesidad de mejorar la gestión administrativa de la incapacidad temporal y de establecer políticas públicas para reforzar los sistemas públicos de salud y especialmente laatención a los trastornos mentales y musculoesqueléticos.

    Carmen Mancheño Potenciano (@carmenmanche) es médica, Máster enPrevención de Riesgos Laborales y coordinadora de la secretaría confederalde Salud Laboral (@SaludLab_CCOO)