Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 7 diciembre 2025.

REVISTA TRABAJADORA 87 (SEPTIEMBRE 2025)

Sociedad/ Violencias machistas y cambio climático: debemos combatir la impunidad, de Yolanda García Sierra

    LAS ESTADISTICAS GLOBALES SON CONTUNDENTES: una de cada tres mujeres ha sufrido abusos físicos, sexuales o psicológicos a lo largo de su vida.

    17/10/2025.
    Una mujer en el desierto, en un campo de refugiados saharaui (Foto: Gabriel Herrería)

    Una mujer en el desierto, en un campo de refugiados saharaui (Foto: Gabriel Herrería)

    La violencia machista es un problema estructural, de dimensiones internacionales, presente en todas las culturas y sociedades y persiste sustentado en estereotipos de género. En este contexto, Naciones Unidas alza la voz para concienciar sobre el alarmante aumento de violencias de género en situaciones de emergencias, desastres y catástrofes climáticas.  

    El informe, elaborado en el marco del programa Iniciativa Spotlight, refleja que la violencia de género es ya una epidemia mundial. Según el estudio, con un aumento de 1°C en la temperatura global se incrementaría un 4.7% la violencia en la pareja.

    Las proyecciones son aún más alarmantes: en un escenario de calentamiento de 2°C, se estima que 40 millones de mujeres y niñas más sufrirán violencia de pareja cada año de aquí a 2090, y si el calentamiento alcanza los 3.5°C, esta cifra podría duplicarse. Además, destaca que algunos estudios hablan de un aumento de hasta un 28% de feminicidios en las olas de calor.

    Esto es también lo que revela el informe “Heat wave and the risk of intimate partner violence” (Ola de calor y riesgo de violencia de pareja), publicado en la revista científica Science of the Total Environment (2018) y realizado en la Comunidad de Madrid durante los años 2008 a 2016. En él se analizala relación entre las temperaturas extremas y los feminicidios, entre otros, y concluye que el riesgo de que una mujer sea asesinada por su pareja o expareja se incrementa en un 28.8% tres días después de que se produzca una ola de calor (considerada a partirde 34ºC).

    Volviendo al informe de la ONU, las cifras de las que habla son más que alarman tes: sólo en 2023, 93.1 millones de personasse vieron afectadas por catástrofes meteorológicas y terremotos, mientras que se calcula que 423 millones de mujeres sufrieron violencia de pareja. A medida que aumenten los desastres climáticos, el riesgo de violencia aumentará trágicamente. En un escenario de emergencia, cambio o crisis climática la violencia contra mujeres y niñas aumenta: desplazamientos masivos, prostitución, trata y explotación sexual, matrimonio infantil, asesinatos…

    La degradación del medio ambiente, la sequía y desertización, la hambruna o las inundaciones persistentes conllevan desplazamientos masivos y forzados de poblaciones enteras. Se estima que el 80% de estas personas son mujeres y niñas, quienes tienen más probabilidades de sufrir violencia sexual, incluso bajo la protección de las autoridades, que miran hacia otro lado. Ante la carencia de recursos, mujeres y niñas han de aumentar sus horas de trabajo para poder proveer de alimentos básicos a sus familiares.

    No olvidemos lo que las estadísticas reflejan: las mujeres constituyen más del 40 % de la mano de obra agrícola mundial y son responsables del 60-80% de la producción de alimentos. Esto aumenta sunivel de exposición a sufrir robos, saqueosy/o agresiones sexuales. El cambio climático aumenta las desigualdades sociales, la incertidumbre, la desesperanza y la angustia ya preexistentes; impone a las mujeres situaciones dramáticas sin posibilidad de defensa.

    La escasez de recursos y la inexistencia o el colapso de los sistemas de protecciónhacia las víctimas crean el caldo de cultivoperfecto para que aumenten las violenciasmachistas. En un ambiente así, la prostitución y trata de mujeres y niñas con fines sexuales se convierte en lo más habitual. La relación entre crisis climática y vulneración de derechos fundamentales es innegable.

    Y cuando estas situaciones se producen, el derecho a su educación, entre otros derechos, se ve restringido, favoreciendo esto que los roles de género y las desigualdades sociales previas se perpetúen. Cuando un desastre climático se produce ¿quién piensa en ir a la escuela? El objetivo principal es conseguir alimentos y un lugar donde protegerse, pasando a un segundo plano cuestiones como la propia seguridad física, sexual y emocional de mujeres y niñas, lo que es aprovechado, en muchas ocasiones, para perpetrar violaciones colectivas como forma de control y dominación depueblos enteros. Es la excusa perfecta paradar rienda suelta al machismo más cruel.

    En otras muchas circunstancias, el matrimonio infantil será la solución desesperada para las familias empobrecidas por el cambio climático: es la única manera de poder seguir adelante y tener cubiertas las necesidades básicas para que la familia subsista. Mujeres y niñas dejan de serlo para convertirse en mercancía degran valor para la supervivencia. No pensemos que los impactos climáticos son neutrales en cuanto al género ¡Al contrario! Refuerzan las desigualdades y las violencias contra mujeres y niñas y aumentanlos espacios de impunidad. Si además de ser mujer, presentas una discapacidad, eres mayor, indígena o perteneces al colectivo LGTBI+, aumentan tus probabilidades de sufrir daños en la salud física, sexual y emocional.

    Es evidente, además, que estas crisis no afectan por igual a toda la población y países. El grado de desarrollo social, el cumplimiento de estándares de protección e implementación de derechos humanos y la existencia o node sistemas de protección van a determinarla respuesta de estas sociedades antes esas emergencias climáticas y la respuesta concreta hacia determinados grupos sociales. Los desastres climáticos afectan muy negativamente a las infraestructuras o al sistema político de estos países, que necesitarán mucho tiempo para poner de nuevo enmarcha el acceso al agua corriente, al alcantarillado, a los centros de salud y demás servicios básicos (en caso de que los hubiera).

    Además, las mujeres que defienden el medio ambiente, la tierra, el agua, las reservas y las comunidades minoritarias están en el punto de mira de gobiernos y grupos armados. ¡No robes nuestra agua! ¡No tales nuestros bosques! ¡No contamines nuestras tierras! ¡No expolies nuestros recursos naturales! ¡Los necesitamos para vivir….! Estos gritos de alarma, en boca de mujeres que defienden sus recursos, su pueblo, su comunidad, sus familias, sus hijos e hijas, y los de todo el planeta, son silenciados con el apoyo de gobiernos corruptos que ven en el propio cambio climático una oportunidad de enriquecimiento (personal).

    La presencia de mujeres en los espaciosde toma de decisiones en materia de medioambiente sigue siendo muy reducida, aún siendo ellas, mayoritariamente, las encargadas del cultivo de la tierra y del abastecimiento de agua. Sólo el 0.04% de la ayuda al desarrollo relacionada con el clima tiene en cuenta la igualdad de género. Es imprescindible que la prevención de la violencia de género se integre en todos los niveles de la política climática, contando para ello con financiación internacional y estrategias locales.

    Afortunadamente, esto es posible; países como Haití y Mozambique han demostrado ya cómo pueden diseñarse programas que aborden la violencia y aumenten la capacidadde recuperación de los pueblos afectados por los cambios y desastres climáticos. Analizadas las cifras y estudios y más allá de las mismas, la relación entre el cambio climático y la violencia machista nos confronta con una cruda realidad de devastadoras consecuencias: la emergencia climática no es neutral, sino un multiplicador de las desigualdades más profundas de nuestra sociedad.

    Las mujeres y las niñas, vulnerables a la violencia, son las víctimas invisibles de un planeta que agoniza. Protegerlas, denunciar esta barbarie y exigir soluciones climáticas con perspectiva de género no son sólo cuestiones dejusticia, sino un imperativo moral.

    Debemos exigir a los Gobiernos sistemas de protección integral para las mujeres y las niñas, víctimas silenciosas y silenciadas de los cambios climáticos. Debemos combatir la impunidad. Necesitamos diseñar e implementar acciones climáticas eficaces que den prioridad a la seguridad, equidad y liderazgo de mujeres y niñas. Los cambios climáticos son factores agravantes de la violencia machista, no la causa principal. La causa fundamental sigue siendo el patriarcado y las dinámicas de control y dominación. Es imprescindible abordar estas cuestiones de manera inmediata porque no puede haber una lucha efectiva por el futuro de nuestro planeta si dejamos a la mitad de supoblación atrás.

    Yolanda García Sierra (@CCOOCantabria) es secretaria de Política Social, Mujeres,Migraciones y Formación Sindical en CCOO deCantabria