Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 13 julio 2026.

Revista Trabajadora 88 (Noviembre, 2025)

Entrevista / Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte: “Ni ellos eran tan genios ni ellas eran tan musas”, por Diana G. Bujarrabal

    Entrevista a Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte, divulgadora en redes sociales y autora de los ensayos La mirada inquieta (2022) y Las mujeres detrás de Picasso (2023)

    26/01/2026.
    Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte. Foto: Adrián Mozas/CCOO

    Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte. Foto: Adrián Mozas/CCOO

    Hablar con Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte, divulgadora en redes sociales y autora de los ensayos La mirada inquieta (2022) y Las mujeres detrás de Picasso (2023) resulta un aprendizaje constante. Sobre arte, por supuesto; pero muy especialmente sobre las mujeres artistas y las dificultades que se nos han presentado, sobre nuestra creación e inspiración, sobre la construcción social de los universos simbólicos que a todas y todos nos conforman. Sobre cómo nos han enseñado a mirar y a mirarnos desde la pintura y laescultura expuesta en los grandes museos. Es atreverse a viajar de su mano y, a veces,enfadarnos, y poner contexto para seguir descubriendo otras formas de asomarse al arte.La belleza, el juego, la sorpresa, la búsqueda, el símbolo, el horror, todo está ahí; perotambién el género, la clase, el colonialismo. Para Eugenia Tenenbaum, sólo el caleidoscopio que incorpora todas las perspectivas nos permite construir la imagen completa. 

    No solo trabajas la divulgación en redes, acercando el arte a las personas más jóvenes,sino que lo haces además desde una miradamuy concreta, que incorpora la perspectivade género, pero también una perspectiva declase y lo que llamas un enfoque antirracistadecolonial. ¿Por qué es importante?

    Los movimientos sociales ponen en el centro un tipo muy concreto de violencia que responde también a un tipo muy concreto de sistema de opresión. Pero, muchas veces, desde estos movimientos, sobre todo cuando están atravesados por la blanquitud, se nos olvida que las personas podemos estar atravesadas por multitud de violencias. Esto tuvieron que decirlo las afrofeministas estadounidensesde los años 70: ‘Mira, hay una cosa que se llama interseccionalidad que nos atraviesa a nosotras sobre todo, por tanto, no tiene sentido hablar de clase por aquí y de etnia por allí y de género por el otro lado, porque en nosotras confluye’ … Kimberlé Crenshaw, Angela Davis,etc. A las personas blancas y, en concreto, a las feministas blancas nos cuesta muchísimo entenderlo, porque, por desgracia, mayoritariamente empezamos a formarnos con mujeres que sí fueron y son feministas, pero que pertenecieron a las clases medias o a las clases altas. Eran blancas y eran heterosexuales. El acceso que tuvimos a la conceptualización de lo que nos ocurre y por qué nos ocurre, está muy atravesado por esa cuestión. Si somos perfectamente capaces de identificar un sesgo machista y patriarcal, ¿por qué no vamos a ser capaces de identificar también sesgos que tienen que ver con la clase o con la blanquitud?

    Y, ¿qué supone aproximarse a la historia del arte así, incorporando esas perspectivas? Creo que tiene mucho que ver con la frescura que estás aportando al discurso. 

    Creo que es una moneda de doble cara porque, por un lado, al principio te sientes muy abrumada, sientes mucha rabia porque descubres que hay todo un universo de obras y artistas de las que nadie te ha hablado y que la educación y el imaginario cultural tampoco te han facilitado. Pero luego te quedas absolutamente fascinada porque descubres que hay tantas que crees que no te llegaría ni una vida, ni dos, ni tres para conocerlas a todas. Para investigar sobre sus condiciones materiales. Se le ha dado tan poca importancia a lo que hemos hecho las mujeres a lo largo de la historia occidental que se ha producido una pérdida documental y material enorme. Hay artistas a las que nunca vamos a poder conocer…. Respecto a la frescura, al generarse un cambio de enfoque también se genera un cambio en el diálogo y en la narrativa, y personas a las que a priori no les interesaba la historia del arte porque la conciben como una cuestión elitista, aburrida, demasiado seria... se dan cuenta deque eso lo ha puesto la Academia, y que no tiene tanto que ver con la disciplina en sí. Con la disciplina puedes hacer lo que a ti te dé la gana.

    Hablemos de los estereotipos del genio y la musa. ¿Crees que siguen presentes?¿Hasta qué punto nos han influido?

    Es una construcción, un binomio increíblemente opresivo que se aplica sobre todo de manera retroactiva. Miramos al pasado a través de ese mito de genialidad, de increíble destreza técnica, de nuevos lenguajes plásticos… Ahí es donde se ve perfectamente su vigencia. Por un lado tenemos al genio y, por otro lado, tenemos a la musa, pero cuando rascas un poquito de lo primero de lo que te das cuentaes de que ni ellos eran tan genios ni ellas eran tan musas. Sobre todo, ni ellas eran tan musas. Nos encontramos cómo, de nuevo, a través de un cambio de enfoque, haciéndonos otras preguntas, llegamos a otras respuestas. Por ejemplo ¿qué sería de grandes artistas sin lasmujeres? Voy a poner el caso de Botticelli. Ahora todo el mundo se agolpa para ver El nacimiento de Venus o La primavera. Pero fue un artista olvidado desde que se murió hasta el siglo XIX. Vemos cómo esta cuestión de las grandes obras de arte y los grandes artistas se van acotando a lo largo del tiempo. Botticelli, sobre todo, trabajó y retrató a Simonetta Vespucci, que es quien aparece en El nacimiento de Venus, La primavera y en tantas otras obras. Es decir, sus obras más conocidas están protagonizadas por esta mujer trabajadora, esta modelo. Luego empiezas a de nuevo a rascar y te encuentras con mujeres increíbles como Dora Maar, que siempre es reducida como musa de Picasso. Fue una fotógrafa increíble, de las más importantes en su momento vinculadas al movimiento surrealista y mucho más conocida y cotizada que Man Ray, que Cartier-Bresson o que Brassaï. Seguir entendiéndolas como musas es una manera de invisibilizar que también fueron potencias creadoras, en algunos casos directamente a través de su trabajo, también como artistas, escritoras, pensadoras… En el caso de ellos debemos preguntarnos si estamos hablando de genialidad o de condiciones materiales de privilegio, es decir, de una cesión de tiempo y de cuidados para que puedan acceder a la creación artística en condiciones en las que ellas no pudieron debido a todo el trabajo de cuidados. 

    Hablabas también de la invisibilidad de las creadoras. Ahora tenemos la exposición de Maruja Mallo en el Reina Sofía y ha habido grandes exposiciones de mujeres en los últimos años, pero luego, cuando vas a las cifras… Diana Larrea explica que, en el Museo del Prado, de 8000 pinturas solo 60 están atribuidas a mujeres artistas, un 0,75 del total. ¿Estamos cambiando realmente?

    Creo que todas necesitamos creer que está habiendo un cambio. Al mismo tiempo, está habiendo muchísima resistencia y también está habiendo una estetización de ese cambio. Los museos no son un fenómeno tan longevo pero, desde que se fundan, hay un sesgo increíble. La mayor parte de obras forman parte de la propiedad privada de determinadas familias políticas, mercaderes, economistas… Incluso a día de hoy, la mayor parte de artistas venden obra para colecciones privadas, no hay una compra por parte de los museos. Es una tendencia que desde algunos espacios sí que se intenta equilibrar, pero yo tuve un profesor, Sergio Rubira, que decía que ya no es tan importante ni siquiera la paridad en números, que de repente el Museo del Prado establezca que si en un año compra diez obras, cinco van a ser de hombres y cinco de mujeres, sino ¿cuál es el capital que se está invirtiendo? Porque, si compras cinco obras de mujeres, pero tres son donaciones y, en cambio, en las cinco obras de hombres te gastas una millonada hay una desigualdad latente. La plataforma Mujeres en las Artes Visuales también está llevando a cabo investigaciones, estadísticas y estudios que son desoladores, porque ni siquiera en ferias de arte contemporáneo vemos que se mejore. Nunca ha habido, yo creo, en la historia de ARCO, más de un 30% de representación. Mientras, en las estadísticas de la National Gallery, del Louvre, del Museo del Prado… lo que te encuentras es lo mismo. La cuota de representación suele estar entre el 0,6 y el 1,5, nunca más en 2%. El mensaje que estás enviando,como un espacio de legitimación de poder y también de ideología, es que las mujeres no hemos existido. Pero cuando te vas a los archivos y las buscas, las encuentras y descubres que ellas también han sido pintoras de corte, han viajado, han recibido encargos del papado, de grandes mecenas y, también, enel siglo XX han sido patrocinadas por coleccionistas de la talla de Peggy Guggenheim. 

    Entonces, ¿no estamos cambiando?

    Se le da mucha visibilidad a estas grandes exposiciones. Pero, ¿quiénes siguen dirigiendo los museos? ¿Quiénes siguen estandoen los puestos de toma de decisión? ¿Quiénes siguen ostentando mayoritariamente las cátedras en las universidades? No es solo una cuestión identitaria, también es una cuestión sistémica y política. Tampoco sirve de nada que, de repente, a la cabeza del Museo del Prado o del Reina Sofía pongan a una mujer. Necesito que además esa mujer sea feminista. Aparte del privilegio identitario que puede suponer que los grandes museos españoles estén dirigidos por hombres, es necesario que se empiecen a inscribir políticas que sean feministas y políticas también antirracistas. Creo que todavía no está pasando. Venimos de unos últimos cinco años absolutamente brillantes en cuanto a exposiciones de mujeres, pero el relato en las de ellos sigue siendo el mismo. La perspectiva de género y feminista no es algo que se deba aplicar exclusivamente a las mujeres. Las reivindicamos a ellas como artistas, pero si a ellos seguimos sin examinarlos desde una perspectiva feminista, el mito va a seguir generándose y alimentándose porque ellos van a seguir estando protegidos. 

    ¿Podrías ponernos un ejemplo de cómo sería aplicar una perspectiva feminista? ¿Por ejemplo, a Picasso? 

    Aplicar una perspectiva feminista a Picasso sería, por ejemplo, entender que su mayor tema a lo largo de toda su vida fueron las mujeres con las que se relacionaba.Su trayectoria artística es una representación visual de todos y cada uno de los ciclos de violencia a los cuales sometió a esas mujeres, cómo las retrató centenares de veces. Ymuchas de esas obras son, de hecho, las que están en el top cinco de las obras más caras y de las más conocidas. Del mismo modo que, para explicar su etapa azul, contamos que uno de sus mejores amigos se suicidó y él estaba muy triste, vamos a explicar cómo trató a las mujeres y cómo se refleja en cómo las representó. Sería así de sencillo. No solo fue un maltratador en su vida privada, esto también permeó su obra porque la obra de Picasso es, principalmente, autobiográfica, y así se enseña en las universidades, en las exposiciones y en los manuales. Parece que es importante dónde estos señores se forman, el círculo de amigos en el que se mueven, pero ¿no es importante la violencia que generan? Por supuesto que lo es, también sirve para explicar la obra. ¿A mí de qué me sirve que el Thyssen realice una maravillosa exposición, como puede ser Maestras, u otra maravillosa, como la de Isabel Quintanilla, si, entre medias, cuando te están poniendo a Lucian Freud no se habla de la cultura de la pedofilia, de cómo se acostaba de manera sistemática con mujeres muy jóvenes, que eran sus alumnas? De repente, el Círculo de Bellas Artes realiza una exposición sobre Max Ernst. ¿Cuál es el trato que reciben las mujeres dela órbita de Max Ernst? ¿Se menciona acaso a Leonora Carrington? ¿Se menciona a las mujeres que no solo lo sacan de los campos de concentración, sino que le pagan billetes para que él se exilie en la Segunda Guerra Mundialy se vaya a cosechar éxitos fuera? Peggy Guggenheim le paga billetes, el alquiler, le da una especie de pensión. Y lo hace con Max Ernst,con André Breton, con todo el grupo de surrealistas. ¡Qué bien que la Fundación Mapfre hizo una exposición sobre Leonora Carrington! Nos sirve a las feministas, a las historiadoras del arte, porque es un privilegio poder ver la obra de estas mujeres, pero a la hora de la de verdad, al público lo que le sigues diciendo es exactamente lo mismo. Ellos son intocables. Me parece injusto. 

    Otra de las cuestiones que has tocado, pero que en la cual me gustaría profundizar es el mercado. En el arte da la impresión la brecha económica es absolutamente brutal. Hemos mejorado en la brecha salarial en otros ámbitos, pero parece que otros resultaran intocables...

    Sin duda alguna. Es algo que siguen sosteniendo las estadísticas tanto de nuestro país como de otros países. Mujeres artistas necesitan tener dos, tres o cuatro trabajos paralelos para sostenerse. Si miramos las becas, más de lo mismo. En este país, en disciplinas como Historia del Arte y en Bellas Artes, desde los años 80, estamos en un porcentaje de mujeres de entre un 61 y un 80%. ¿Dónde está el trasvase al mercado laboral? No existe. Se genera este espejismo, que viene también de círculos de izquierda, pero que yo creo que bebe de un pensamiento increíblemente reaccionario, esta cosa de ‘eh, el feminismo está de moda, a las artistas os están regalando las cosas, a las profesionales feministas os viene todo dado’. Eso no se traslada a las cifras. Las estadísticas lo que nos dicen es lo contrario. ¡Qué rápido identificamos y nos oponemosa la discriminación positiva, cuando discriminación positiva es lo que han tenido los hombres blancos heterosexuales a lo largo de toda la historia del arte occidental! De repente se piensan que a nosotras nos están regalando cosas… Esto ya lo decía Linda Nochlin en 1971 y ya lo dice también Griselda Pollock. ¿Será que no están las ferias de arte, los museos y las galerías y los libros de historia del arte llenos de obras que son mediocres? A la hora de la verdad, por desgracia, las artistas siguen mayoritariamente desempleadas, cobrando menos por sus obras, son reconocidas más tarde que sus compañeros, se arriesgan a sufrir violencia, tráfico de favores, acoso y unas agresiones sexuales en el circuito del arte a todos los niveles, como artistas, como trabajadoras,como galeristas, como todo.

    Esta otra parte, el cómo somos representadas en el arte, ¿cómo crees que influye en nuestra en nuestra sociedad? ¿Ha evolucionado la mirada de ellos? Si estamos hablando de mirada masculina, ¿existe una mirada femenina?

    Esto esmuy complejo. En realidad, hasta aproximadamente el siglo XIX, el mercado funcionaba por encargo. Pintabas lo que te encargaba la mecenas de turno. Sí encontramos otras aproximaciones, esto es algo que no tiene nada que ver ni con la biología ni con la esencialización del género, sino con la propia vivencia a la que te somete un sistema patriarcal. Por ejemplo, a mí hay una obra que me encanta de un artista francesa que se llama Élisabeth Vigée Lebrun, la retratista oficial de María Antonieta: se autorretrata como artista y además lo hace llevando un sombrero de paja. En realidad, está estableciendo una conversación con Rubens. Quizás visualmente no es distinto a muchos otros retratos que podemos encontrar, pero sí es distinto porque es una mujer quien está sosteniendo una paleta y, al mismo tiempo,es una mujer que, por códigos iconográficos, se está midiendo con uno de los grandes. También se hacen unas lecturas que a mí me parecen escabrosas, inconscientesy contraproducentes de la obra, por ejemplo, de Artemisia Gentileschi. ¿Que intenta vengarse de quién? ¿Qué sentido tiene que tú te vengues de una persona tratando de exorcizar el dolor que te ha producido cuando esa obra no va a ser expuesta públicamente? Antes del siglo XIX me parece complejo. Posteriormente, el mercado cambia. Entonces tienes a Suzanne Valadon en La habitación azul, una mujer que está recostada sobre una cama. ¿Cuántas mujeres hemos visto en la historia del arte recostadas sobre una cama? Pero la mujer que retrataba tiene un cuerpo no normativo, está vestida, lleva pantalones. Esta obra es del año 23 y lleva ya pantalones. Está fumando y a los pies, en lugar de llevar un perrito, que implica fidelidad, lo que tiene son libros. ¿Es esto una mirada femenina? Puede ser... Pero, al final, lo que se nos inocula en la historia del arte es hacer nuestra la mirada masculina.El canon es una estructura de legitimación de las personas que se hacen llamar cultas. Cuando ves en un videoclip, en una película o en una campaña publicitaria un guiño a la historia del arte, dices, ¡oh, guau! No solo identificas la cultura en quien está haciendo el guiño, sino que te identificas como persona culta porque lo estás pillando. Pero, ¿qué estás pillando? El sometimiento de las mujeres, representarnos como objetos absolutamente pasivos, que no tenemos ningún tipode capacidad de decisión y ningún tipo de agencia. Cuerpos en poses que son antinaturales.También se nos representa como mujeres malvadas…Totalmente, claro. Se nos ha negado el acceso a la autorrepresentación. Que, de repente, tengas a un artista como Alice Neel que a sus 80 años se está retratando a sí misma desnuda, un cuerpo anciano desnudo…Tenemos que esperar a este momento. Con el primer autorretrato de una artista que se representa embarazada tenemos a Paula Modersohn-Becker, pero ¿quién conoce a Alice Neel y a Paula Modersohn-Becker? Por suerte cada vez más personas. Pero nos quedamos con la Maja Desnuda. O con cualquier Venusde Tiziano, o con la Venus del espejo de Velázquez o con la Olympia de Manet. Claro que eso nos afecta. Menciona Naomi Wolf en El mito de la belleza que, en los años 90, por un lado tenemos el auge de la pornografía, por otro, el auge de todas estas películas en las que se somete a mujeres a ser violadas en pantalla para que veamos hasta qué punto la mirada masculina atraviesa la existencia y autopercepción de las mujeres.Independientemente de que hayamos sido agredidas sexualmente o no, tenemos la capacidad, gracias a la cultura visual y gracias al imaginario colectivo, de vernos siendo agredidas. Hasta qué punto la cultura visual impacta en cómo nos percibimos, que somos capaces de imaginarnos en cualquier situación y sabemos cuándo tenemos la espalda encorvada, cómo nos vemos desde atrás, desde el lado… 

    Se habla mucho del revival de lo espiritual, de lo sacro. A raíz del disco de Rosalía, de la película Los domingos … Este interés hacia lo espiritual, hacia lo trascendente, ¿se percibe en el mundo del arte? En el caso de las mujeres, ¿esta búsqueda puede ser una huida de esa opresión de la mirada masculina?

    Es algo en lo que me gustaría profundizar porque no tengo muy clara mi opinión. Entender esta cuestión de cómo, en momentos especialmente críticos, se huye de la realidad hacia algún tipo de certeza. Ante realidades que son increíblemente complejas y multicausales, buscamos una única solucióno respuesta que, de algún modo, nos genere alivio. No es algo que haya sido capaz deidentificar actualmente en tendencias artísticas, creo que siempre ha estado ahí. Nunca hemos salido de esta relación increíblemente tensionada entre valerse del imaginario religioso para escandalizar y valerse del imaginario para sacralizar. Al mismo tiempo, me parece triste que lo espiritual se siga ligandocon la religión. Hay que tener muchísimo cuidado con los espacios en los que las mujeres buscamos respuestas pero, si algo está claro y la historia nos lo demuestra, es que la religión católica nunca ha sido emancipatoria para las mujeres. En algunos casos ha podido aprovecharse para bien, como por ejemplo los espacios conventuales en los que las mujeres creaban, aprendían y pensaban, pero también estaban sometidas a muchísima violencia y se veían privadas de su libertad. Habría que preguntarse, ¿por qué encontramos libertad, paradójicamente, en cosas que nos la quita no por qué nos sentimos aliviadas ante algo que nos marca desde fuera una pauta? Ojalá las mujeres no tuviéramos que pagar ningún precio por ser libres.

    Se habla mucho del revival de lo espiritual,de lo sacro. A raíz del disco de Rosalía, de la película Los domingos… Este interés hacia lo espiritual, hacia lo trascendente,¿se percibe en el mundo del arte? En el caso de las mujeres, ¿esta búsqueda puede ser una huida de esa opresión de la mirada masculina?

    Es algo en lo que me gustaría profundizar porque no tengo muy clara mi opinión. Entender esta cuestión de cómo, en momentos especialmente críticos, se huye de la realidad hacia algún tipo de certeza. Ante realidades que son increíblemente complejas y multicausales, buscamos una única solucionó respuesta que, de algún modo, nos genere alivio. No es algo que haya sido capaz de identificar actualmente en tendencias artísticas, creo que siempre ha estado ahí. Nunca hemos salido de esta relación increíblemente tensionada entre valerse del imaginario religioso para escandalizar y valerse del imaginario para sacralizar. Al mismo tiempo, me parece triste que lo espiritual se siga ligando con la religión. Hay que tener muchísimo cuidado con los espacios en los que las mujeres buscamos respuestas pero, si algo está claro y la historia nos lo demuestra, es que la religión católica nunca ha sido emancipatoria para las mujeres. En algunos casos ha podido aprovecharse para bien, como por ejemplo los espacios conventuales en los que las mujeres creaban, aprendían y pensaban, pero tambiénestaban sometidas a muchísima violencia y se veían privadas de su libertad. Habría que preguntarse, ¿por qué encontramos libertad, paradójicamente, en cosas que nos la quitan o por qué nos sentimos aliviadas ante algo que nos marca desde fuera una pauta? Ojalá las mujeres no tuviéramos que pagar ningún precio por ser libres.

    En un mundo tan masculinizado como es elde la crítica de arte, ¿qué dificultades te has topado siendo mujer, joven, y teniendo además un discurso no normativo?

    La gente se piensa que porque eres joven eres tonta. Esto es así. Doy una ponencia sobre un tema que llevo investigando años, es decir, forma parte de mi trabajo saber determinadas cosas y también forma parte de mi trabajo saber comunicarlas, pero siempre hay gente que te dice ‘con lo joven que eres, qué bien hablas’ ¿Cómo que joven? Sí, obviamente, tengo 29 años, pero es que muchas de la generación de nuestras madres a estas edades ya tenían dos y tres criaturas. ¿Te parece que soy muy joven para ordenar tres palabras seguidas? ¿Para hablarte de algo que forma parte de mi trabajo? Esto es algo que me molesta mucho porque me pregunto, ¿de dónde viene? De nuevo, creo que parte del sesgo patriarcal, misógino y sexista. No solo es que seamos tontas e ignorantes, sino que no tenemos posibilidad, ni capacidad intelectual, ni autoridad. Te sigues encontrando con muchos hombres que pueden considerarte una tía con capacidades, inteligente, pero nunca más inteligente que ellos. En el momento en el que se sienten amenazados, agárrate, porque se vuelven absolutamente insoportables… Y esto son cosas, creo, con las que todas nos tenemos que enfrentar. A mí hay una anécdota que me gusta mucho, aunque es muy triste, que cuenta Rebecca Solnit en Los hombres me explican cosas y es que estaba en una cena con determinados profesionales y se puso un tema sobre la mesa. El hombre que tenía sentado al lado empezó a contradecirla citando un libro. Y el libro lo había escrito ella.

    Eugenia, ¿en qué estás trabajando?

    En un proyecto de investigación que me trae por la calle del disfrute y de la amargura, que es precisamente la cuestión del genio, como mito, en relación al trabajo de cuidados y la creación artística. Entender cómo concebimos el genio contemporáneo, qué cosas arrastra desde el Renacimiento y por tanto desde la Edad Moderna, cómo esto ha afectado a la producción y recepción de la obra de ellos y también a la recepción y producción o no producción de la obra de ellas. Me gustaría mucho centrarme en esto y dejar de estar tan expuesta a nivel físico a través de ponencias, talleres, de estar todo el rato viajando. Yo soy una rata de biblioteca y me apetece reivindicar un poco más esa faceta, porque estos años me han dejado un poco agotada.