Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 11 julio 2026.

Revista Trabajadora 88 (Noviembre, 2025)

Por el mundo / La mujer palestina, entre la resistencia y la violación: de la ocupación a la voz de la dignidad, de Aisheh Hamouda

    Con el inicio de la campaña internacional de 16 días de activismo contra la violencia de género, es imposible hablar de la violencia contra las mujeres sin detenerse en la tragedia permanente que vive la mujer palestina. 

    02/02/2026.
    Foto: UNRWA

    Foto: UNRWA

    Con el inicio de la campaña internacional de 16 días de activismo contra la violencia de género, es imposible hablar de la violencia contra las mujeres sin detenerse en la tragedia permanente que vive la mujer palestina, víctima de una de las formas más profundas y estructurales de violencia en el mundo: la violencia de la ocupación, del colonialismo y de las condiciones socioeconómicas impuestas por décadas de represión.

    El último informe de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados vuelve a confirmar lo que las mujeres palestinas experimentan a diario: una cadena ininterrumpida de violaciones que afectan sus cuerpos, sus familias y sus vidas. En la Franja de Gaza, los bombardeos han destruido hospitales, clínicas y escuelas; los servicios básicos son casi inexistentes, y las madres palestinas se convierten en el único escudo que protege la vida de sus hijos entre los escombros.

    En medio de esta catástrofe, la mujer palestina sigue siendo el pilar del tejido social y la conciencia viva de la resistencia nacional. Carga con la responsabilidad del hogar ante la pérdida del sustento, afronta el hambre, el miedo y la destrucción, y transforma el dolor en fuerza. Las historias de las mujeres en Gaza y Cisjordania no son casos aislados, sino parte de una tragedia colectiva que refleja una política sistemática de opresión dirigida a quebrar la voluntad de todo un pueblo.

    El informe de la ONU señala también la destrucción de los centros de salud reproductiva, que priva a miles de mujeres de atención médica básica —una violación directa del derecho internacional humanitario—, además de las detenciones arbitrarias, la tortura y los abusos dentro de las cárceles israelíes, donde más de 16.000 mujeres palestinas han sido encarceladas desde 1967, muchas de ellas sometidas a tortura física y psicológica, e incluso a amenazas de agresión sexual.

    Aun así, la mujer palestina no se rinde. Desde Ataf Alyan, que realizó una huelga de hambre en defensa de su dignidad, hasta Israa Jaabis, que sobrevive con más del 60% de su cuerpo quemado y sigue sonriendo para dar esperanza a sus compañeras presas, las palestinas demuestran que la resistencia también se escribe desde el cuerpo y desde la vida cotidiana. La mujer palestina no es una víctima pasiva, sino una protagonista activa en la creación de conciencia, resistencia y esperanza.

    La realidad que vivimos hoy en Gaza y Cisjordania no es una simple crisis humanitaria: es un crimen político y moral cometido cada día contra las mujeres palestinas y su derecho a vivir con dignidad. Hablar de igualdad de género o de justicia social carece de sentido mientras se bombardean hospitales, se detiene a madres ante sus hijos y se niega a las mujeres el acceso a alimentos, refugio y atención médica.

    Desde el movimiento sindical palestino afirmamos que defender los derechos de las mujeres es defender el derecho a la libertad nacional y a la justicia social. La violencia contra la mujer en Palestina no puede separarse de la violencia estructural del colonialismo. Por ello, la responsabilidad de la comunidad internacional no debe limitarse a las condenas, sino traducirse en acciones concretas para poner fin a los crímenes, exigir responsabilidades al Estado ocupante y garantizar el apoyo humanitario y psicológico a las mujeres y niñas palestinas, además de reconstruir el sistema de protección social destruido por la ocupación y las guerras sucesivas.

    Hoy, la mujer palestina escribe su historia desde las ruinas y envía un mensaje al mundo:

    “No somos víctimas, somos creadoras de vida y defensoras de la justicia”.

    En este espíritu, hacemos un llamado a todos los movimientos feministas y sindicales del mundo, y a quienes creen en la libertad y la igualdad, a situar la solidaridad con la mujer palestina en el centro de sus luchas, porque la justicia para las mujeres palestinas es parte inseparable de la justicia para todas. 

    Aisheh Hamouda es miembro del Secretariado General de la Federación General de Sindicatos de Trabajadores de Palestina y Presidenta del Comité de Salarios