No se quiere a las mujeres en el campo, de Isabel Fernández Navarro

    El Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se celebra el 15 de Octubre, vino marcado en nuestro país por la temporalidad, la economía sumergida, la brecha salarial y la discriminación hacia las mujeres.

    29/11/2017.
    Fotografía de Patri García de la Cuesta.

    Fotografía de Patri García de la Cuesta.

    DECIR que “no se quiere a las mujeres en el campo” es algo que se viene oyendo desde hace años porque muchas son rechazadas cuando quieren acceder a un jornal.

    Desde que estalló la crisis, con la caída de la construcción y la vuelta masiva de la mano de obra masculina a las tareas agrícolas, se viene observando la expulsión de las mujeres de las campañas agrícolas. Ocurrió en Jaén en la recogida de la aceituna y la situación, lejos de resolverse, se agrava año tras año y se extiende por todo el Estado.

    No es un sentir de las mujeres. Es una realidad y supone un problema para toda la sociedad y, en especial, para las zonas rurales.

    El 15 de Octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales, CCOO de Industria denunció la elevadísima temporalidad que sufren las jornaleras, que está por encima del 91%, lo que facilita que se las rechace en las campañas y que les sea muy difícil demostrarlo, al no tener ningún vínculo laboral con las empresas. Padecen la gran bolsa de economía sumergida que hay en el sector agrario y campaña tras campaña pelean para encontrar un espacio en el tajo.

    La masculinización de la actividad laboral en el medio rural es muy acusada. La EPA del segundo trimestre de 2017 revela que el 75,7% de la población ocupada en el sector agropecuario está formada por varones, mientras que en el Estado español son trabajadores el 54,5%. También es característica del medio rural una baja tasa de empleo, que se agudiza entre las mujeres.

    La poca presencia femenina se ha agravado con el tiempo. En el segundo trimestre de 2008 la tasa de feminización de la población ocupada en el sector agropecuario era del 27,8%. Nueve años después es del 24,3%. Durante este periodo se ha expulsado del sector a 33.600 mujeres, lo que supone la destrucción del 16% de la ocupación agropecuaria femenina. Mientras tanto, aumenta la ocupación de hombres en 18.900 personas (2,9%), lo que no compensa la pérdida de empleo femenino, contribuye a disminuir la tasa de trabajadoras en el medio rural y aumenta el paro agrícola entre las mujeres.

    Además, hay que tener en cuenta que la economía sumergida afecta más a las mujeres y que la brecha salarial va en aumento. La parcialidad, la temporalidad y la precariedad laboral se traducen en una reducción de ingresos y, por lo tanto, en una mayor vulnerabilidad ante la pobreza. Es frecuente que las mujeres vean segmentada su vida sociolaboral de un modo tajante con el matrimonio, la llegada de descendencia o la atención a familiares dependientes.

    Ven peligrar sus pensiones muchas de las mujeres que han cotizado a la Seguridad Social y que han recogido durante años aceituna, espárrago, ajos, uva y fruta. Si no consiguen jornales suficientes no acceden al subsidio y pueden ser expulsadas del sistema de protección social, lo que significaría la pérdida de su jubilación o de la renta agraria.

    El dichoso estereotipo

    LAMENTABLEMENTE, las empresas siguen optando por una contratación basada en estereotipos, lo que explica la temporalidad y parcialidad, la persistencia de la brecha salarial, las dificultades para conciliar y la preferencia de contratar a hombres antes que a mujeres. El rechazo es total y anuncian públicamente, y sin ningún tipo de problema, que si tienen que pagar lo mismo a hombres y mujeres, prefieren contratar a éstos. Incluso algunas patronales agrarias proponen que se rebajen las cotizaciones al 50% si son mujeres a quienes se contrata.

    Comisiones Obreras insiste en que la integración de las trabajadoras en el sector agrario no puede pasar por el filtro de una rebaja fiscal ni de las cotizaciones a la Seguridad Social. Las jornaleras realizan el mismo trabajo que los hombres y las cotizaciones han de ser las mismas. No se pueden equiparar los derechos salariales y sociales en los convenios y, a la vez, penalizar a las mujeres, discriminándolas con un contrato “en rebajas”.

    La solución pasa por disminuir la temporalidad, exigir la contratación fija discontinua, controlar la economía sumergida y establecer cuotas de contratación de mujeres. Y si no se cumpliesen esas cuotas, imponer sanciones.

    Es cierto que hace falta voluntad política para que se haga efectiva la igualdad real en el sector agrario. Mientras tanto, habrá que continuar sensibilizando a la sociedad sobre las consecuencias de esta discriminación y lo que supone la expulsión de las mujeres del campo, que no afecta solo a las jornaleras sino que conlleva consecuencias económicas y sociales, ya que las desigualdades por razón de género afectan directamente a la cohesión económica y social de la población, así como a su crecimiento sostenible, a su competitividad y a su desarrollo demográfico.

    Isabel Fernández Navarro es responsable de Mujer e Igualdad de CCOO de Industria.

    Según datos de la Encuesta de Población Activa del 2º Trimestre 2017 (EPA 2T2017):

    - En el sector de agricultura, ganadería, silvicultura y pesca, de cada 4 personas ocupadas, 3 son hombres y solo 1 es mujer (630,1 mil hombres –el 75,6%-, y 202,5 mil mujeres –el 24,3%).

    - Sólo 2 de cada 100 ocupadas lo está en este sector (2,4%), en cambio, lo están 6 de cada 100 ocupados (6,1%).

    - Por grupos de edades, el número de varones ocupados en el sector en el grupo de 20 a 24 años multiplica por 8 al de mujeres; en los grupos entre 25 y 49 años, el número de ocupados triplica al de mujeres.

    - Por situación profesional, el número de asalariados triplica al número de asalariadas 404,4 mil hombres, 121,8 mil mujeres).

    - Diferencia agravada en el sector público, prácticamente masculinizado: 9,7 mil hombres asalariados (prácticamente en igual número que en la EPA 2ºT 2011) y 0,5 mil mujeres (1,7 mil menos que el mismo trimestre de 2011). Es decir, casi 20 hombres por cada mujer. A destacar, la pérdida acumulada de empleo desempeñado por mujeres en estos años de crisis, no recuperados para las mujeres.

    - En el sector privado, el número de hombres asalariados triplica al de mujeres. Es decir, de cada 4 empleos, solo 1 está desempeñado por una mujer.

    Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras, alerta de la expulsión de las mujeres de los ámbitos de trabajo, también en el campo, en sus explotaciones y campañas, industrias y servicios: “Es una constante de discriminación, inaceptable en una sociedad del siglo XXI, que perpetúa la expulsión laboral y la pobreza económica de las mujeres, algo que desde CCOO no vamos a tolerar. Exigimos a las autoridades laborales mayor vigilancia y control para prevenir cualquier tipo de discriminación con sanciones efectivas, cuando se constate que rechazan a una trabajadora por ser mujer”. Además, señala: “Deben articularse medidas efectivas para que las mujeres accedan al empleo público en este sector, ya que es inadmisible la baja proporción en la que se encuentran, más cuando corresponde al sector público dar ejemplo en acceso igualitario de las mujeres en el empleo”.

    Publicado en Revista Trabajadora, n. 62 (noviembre de 2017).

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