Unai Sordo y Elena Blasco: "Nuestro reto es estar cerca de la gente", de Carmen Briz Hernández

    Repensar las prácticas organizacionales, aumentar la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, apostar por la transversalidad y por la diversidad de mujeres y sus intereses, combatir las reformas liberales atendiendo a quienes se encuentran en situación de mayor desprotección, impedir que la conciliación o la brecha salarial figuren sólo en los papeles, lograr una sociedad libre de violencia machista y de LGTBifobia, sobre estos temas conversamos con Unai Sordo Calvo, secretario general, y Elena Blasco Martín, secretaria de Mujeres e Igualdad, de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras tras la celebración del 11º Congreso.

    29/11/2017.
    Unai Sordo y Elena Blasco, fotografía de Julián Rebollo.

    Unai Sordo y Elena Blasco, fotografía de Julián Rebollo.

    LA PROXIMIDAD, estar cerca de las personas, en los centros de trabajo, si existen, o de otros modos en caso de que no haya un centro al que dirigirse. Lo importante para la nueva Ejecutiva Confederal de Comisiones Obreras es acercarse a los problemas cotidianos de las personas para hacerlos colectivos, pelearlos y lo que es más importante, conseguir la organización de las personas implicadas. La atención a las cuestiones derivadas por motivos de género estará presente en todas las políticas sindicales que se pongan en marcha y a la hora de reivindicar políticas sociales para todas las mujeres.

    CCOO se presenta desde hace años como un sindicato de hombres y mujeres, ¿Qué significa esta declaración? ¿Cómo piensan que debería plasmarse en los próximos años?

    Unai Sordo: La paridad en los órganos de dirección se ha conseguido en la Ejecutiva Confederal y es algo que ya está muy asentado en el conjunto de las organizaciones. Pero creo que esta sería la contestación más cómoda. Establecer cuotas es el mínimo exigible. Se trataba, en primer lugar, de dar un salto cualitativo en las responsabilidades que asumieran las mujeres en la dirección ejecutiva y, en segundo lugar, se trata, en el futuro, de readaptar muchas de las prácticas organizacionales para facilitar que el sindicato realmente sea “de hombres y mujeres”.

    Las mujeres aportan una cultura organizacional diferente. Actualmente contamos con una organización con conceptos jerárquicos excesivamente masculinizados, donde los elementos de trabajos compartidos y de transversalidad cuestan mucho llevarlos adelante.

    Bajando más, porque el problema no es estrictamente de dirección sindical, creo que el sindicato tiene que adecuar prácticas, liturgias casi, para que realmente favorezcan más la participación de las mujeres, que, nos guste o no nos guste, todavía socialmente están muy mediatizadas por la distribución de tareas o por la disfunción de roles sociales.

    En su recorrido sindical, piensan que ha aumentado la sensibilidad hacia los problemas específicos de las mujeres?

    Unai Sordo: Sí. Ha habido un cambio brutal en los últimos años. Entré a formar parte de la Ejecutiva de Euskadi en el año 2000- que tampoco estamos hablando del siglo XIX- pero veía un sesgo clarísimo en la distribución de responsabilidades. Evidentemente no era una norma escrita; pero las responsabilidades de las mujeres estaban vinculadas al ámbito de las políticas sociales, de las políticas sectoriales, de la formación, cuestiones importantes pero que se encuentran fuera del núcleo de distribución organizativa. Era sintomático que las mujeres estuvieran ausentes de la principal herramienta sindical: la negociación colectiva.

    Había otros sesgos culturales, y que tienen que ver incluso con las conversaciones que se tenían, es decir, el paternalismo existía en el sindicato no hace tanto tiempo. En ese sentido se ha avanzado de una forma muy importante. Es absolutamente irreversible que las mujeres ya no solo ocupen puestos de responsabilidad, sino puestos ejecutivos y vinculados al aparato organizativo, siendo conscientes de que esto todavía tiene un recorrido. Actualmente sólo hay secretarias generales en tres territorios: Núria López en Andalucía, Encarna Chacón en Extremadura y Loli García en Euskadi. 3 de 17 territorios. Han aumentado, pero sigue siendo insuficiente.

    A nivel sobre todo de cultura relacional, todo esto va cambiando, según mi experiencia. En Euskadi, que es de donde yo vengo, la media de la Ejecutiva está en los 44 años y la socialización en estos temas ya ha sido distinta.

    Elena Blasco: Hay que hacer aún muchos cambios. Persiste aún cierta mentalidad patriarcal, por tanto hay que cambiar estructuras y repensar la gestión del tiempo. Los discursos, los horarios, el tipo de reuniones, el pensar a quién nos estamos dirigiendo, el cómo articular las campañas de agitación de tal modo que las mujeres se sientan representadas… Y añadiría el tema del lenguaje, es fundamental para que se las trabajadoras se sientan incluidas en todo aquello que hagamos y que se sientan partícipes.

    ¿La apuesta es la transversalidad?

    Unai Sordo: Es fundamental para romper las dinámicas de compartimentos estancos que se puede dar con tanta facilidad en una organización que representa y organiza a mujeres, hombres y colectivos que están en situación distinta.

    Las secretarías de Mujeres no pueden ser solo un ámbito donde se reflexione y elaboren propuestas en materia de igualdad de género, que también; sino que han de empapar de sus actuaciones al conjunto del sindicato, porque su trabajo ha de tener relación con la acción sindical y con la negociación colectiva para cargarse de potencial. La visión transversal hay que tenerla siempre y en relación a cualquier tema. Por ejemplo, no puedes hablar de salud laboral sin tener en cuenta las especiales afecciones que pueden tener las mujeres o qué puestos de trabajo o categorías ocupan. No puedes hablar del empleo sin tener en cuenta los efectos de la segmentación sectorial que sufren especialmente las mujeres. Cualquier campaña que se emprenda tendrá que tener en cuenta las diferentes especificidades e incorporar tanto a las mujeres como a los colectivos. Creo que el sistema de compartimentos estancos dentro del sindicato es malo. Soy muy partidario de la transversalidad y de la corresponsabilidad.

    Elena Blasco: Precisamente lo que tiene que entender el resto de la organización, y que compartimos plenamente los miembros de la Ejecutiva Confederal, es que el tema de las mujeres ha de ser transversal. No pude ser de otra manera. Significan el 50% de la humanidad y el 50% del sindicato. No podemos caer en la trampa de que sea responsabilidad única de las secretarías de Mujeres. Es un compromiso confederal y estamos obligados a cumplirlo todos y todas, como línea estratégica que debe formar parte de la filosofía de cada secretaría. De otra manera, pues lo estaremos dibujando, pero no conseguiremos jamás lo que queremos.

    Tras el 11º Congreso Confederal las secretarías de la Mujer han pasado a denominarse secretarías de Mujeres, ¿por qué este cambio?

    Elena Blasco: Era una necesidad. Creo que el concepto “Mujer” quedaba escaso para representar toda la diversidad de mujeres existente y sus diferentes intereses. Había que ampliar el abanico para que todas las mujeres se sientan representadas. Además, en el caso de la secretaría confederal y de otras de territorios y federaciones se está trabajando también en la igualdad LGTBQI. Es importante que las mujeres trans sientan que se las tendrá en cuenta a la hora de abordar políticas sindicales. Por otra parte, el colectivo LGTBQI también sufre discriminaciones que tienen mucho que ver con las peculiaridades de sociedades machistas.

    ¿Cómo han afectado las sucesivas reformas laborales a la situación de las trabajadoras?

    Unai Sordo: Este nuevo modelo de relaciones laborales que se ha tratado de impulsar, sobre todo al hilo de la última reforma laboral incide en la fragmentación del mundo del trabajo; de cómo y dónde se determinan sus condiciones, priorizando el poder de disposición empresarial sobre las condiciones o deteriorando las garantías que aporta el propio convenio colectivo, liberalizando el trabajo. Lógicamente quien sufre más las consecuencias de esa liberalización, teniendo en cuenta el perfil, tamaño y sector de empresa son aquellos mayoritariamente ocupados por mujeres.

    Elena Blasco: Todas estas políticas que se están desarrollando lo que hacen es atacar directamente a los derechos laborales que se han ido construyendo a lo largo del tiempo, teniendo claro aquellos sectores que desgraciadamente no han podido tener este desarrollo de derechos, se van a ver afectados, precisamente con mayor intención. Es decir, lo que hacen es frenar ya no solamente la lucha para conseguir nuevos derechos, sino además quitar los que ya existían, con lo cual quienes tenían derechos los pierden y quienes no los han conseguido tener quedan en situación de mayor desprotección.

    Unai Sordo: Cambiar el equilibrio en las relaciones de poder en la negociación colectiva también tiene un sesgo de género, porque se pueden caer reivindicaciones cualitativamente importantes, como las que tienen que ver con la igualdad. Tendremos que tratar de revertirlo. Por esto hablo mucho de la necesidad del sindicalismo de proximidad y de cualificar la negociación colectiva, desde el ámbito sectorial hasta los centros de trabajo.

    Elena Blasco: Creo que durante algún tiempo hemos estado fijándonos mucho en el tema de la renovación de las tablas salariales en los convenios, sin darnos cuenta de que perdíamos campo de actuación en otros frentes, que realmente ahí es donde se mejoran las condiciones laborales de trabajadores y trabajadoras. Se tiene que trabajar en dos frentes: en mejorar las condiciones laborales y en crear colectividad y aumentar la representación sindical.

    ¿Cómo debería abordarse la cuestión de la conciliación y la corresponsabilidad? ¿Piensan que se están dando pasos o la patronal y el Gobierno siguen jugando con los términos pero continúan sin asumir su responsabilidad?

    Unai Sordo: La patronal tiene una visión absolutamente utilitarista sobre los temas de conciliación. Además el país está en una línea radicalmente distinta, no hay más que ver cómo se están articulando las nuevas formas de contratación y de disposición del tiempo de trabajo en las empresas.

    Las diferentes reformas laborales que estamos sufriendo no están posibilitando que se avance en la conciliación de la vida personal y laboral. Hace falta desarrollar estrategias de reforzamiento sindicales a la hora de negociar condiciones de trabajo, a través de los convenios colectivos, de planes de igualdad. La conciliación es uno de los grandes retos que tenemos en este momento.

    Las medidas de conciliación no puede ser algo que dependa de las mujeres o de las delegadas, sino que han de impulsarse desde todo el sindicato. Volvemos, una vez más, a hablar de la necesaria transversalidad.

    Elena Blasco: Lo que deberíamos centrar con el tema de la conciliación y la corresponsabilidad es precisamente hacia dónde queremos ir, todas las políticas que se han generado hasta ahora, creo que han hecho un flaco favor, la mayor de parte de ellas han sido permisos de maternidad, ampliaciones de permisos de paternidad, pero que realmente no hay correlación entre una cosa y otra. Siguen penalizando el desarrollo profesional tanto de las mujeres como de un tiempo a esta parte de los hombres.

    El Tribunal de Justicia Europeo ha declarado discriminatorio en España el acceso al desempleo desde un contrato a tiempo parcial. Parece que algunos derechos se consolidan a golpe de sentencia. ¿Qué opinión les merece?

    Elena Blasco: La sentencia está bien, el tribunal reconoce que hay actuación discriminatoria y que efectivamente la mayor parte de la temporalidad o de la parcialidad del trabajo femenino no es por elección propia, sino que existen condicionantes en convenio, en contratación o simplemente políticas de empresa que coartan esa libertad. Es muy penoso tener que estar recurriendo al Tribunal Superior de Justicia Europeo, gastando tiempo, dinero y esfuerzo para que a cualquier trabajador o trabajadora se le reconozca algo que la ley ya recoge.

    Unai Sordo: No es la primera sentencia en tribunales europeos que corrige la deriva desregulacionista que ha tomado la legislación. Que sean los tribunales europeos los que tengan que corregir esto está bien tener la sensación de que hay un ámbito de garantías más allá de la propia realidad de los Estados. Pero por otro lado te da también la medida de hasta qué punto han involucionado las políticas laborales.

    Muchas jóvenes son conscientes de la discriminación que sufren cuando acceden al mercado laboral, ¿cómo podría solventarse la falta de cultura sindical especialmente en la gente joven?

    Unai Sordo: Hay temas que tendrían que estar incluidos hasta en los planes de estudio. En algunos ámbitos de la formación profesional existen módulos de formación y orientación laboral. Es interesante la presencia de las secretarías de Juventud para realizar sensibilización.

    Elena Blasco: Creo que deberían existir guías, a modo de bienvenida tanto en la universidad como a la salida, para conocer qué te espera en el entorno laboral, cuáles son tus derechos y obligaciones. Y entre los derechos, está el derecho a la sindicalización. Este tipo de guías ayudarían también a repensar la segregación en las carreras universitarias que afecta mucho al desarrollo profesional. Hay que apostar por la gestión del talento. Esta bienvenida al mundo laboral podría recoger a las organizaciones sindicales, qué son, para qué sirven, cómo se constituyen.

    Unai Sordo: Creo que este país tiene un déficit de cultura cívica bastante importante. Es un país bastante desvertebrado a nivel de participación social. Somos la organización, de largo, con más afiliación, pero los índices de afiliación en España todavía son mejorables. Tampoco tenemos un sistema laboral muy proclive a fomentar la afiliación. Lo pactado se aplica al derecho colectivo, a quienes se afilian y a quienes no. Necesitamos presencia, porosidad y mucha relación con la gente para explicar la utilidad del sindicato.

    Apuestan por un sindicalismo de proximidad, ¿qué características debería tener?

    Unai Sordo: La idea fundamentalmente es hacer un sindicato que -sin perder su capacidad de representación y su capacidad de generar norma colectiva a través del convenio, a través del propio diálogo social- esté cada vez más pegado a la realidad múltiple de cuestiones que se generan en el centro del trabajo. Y esto exige que la estructura y que los recursos del sindicato, sean los territorios, sean las federaciones, sean las secciones sindicales, estén vinculados de una forma cotidiana y fiable a esa realidad. Es más sencillo lograrlo en los sectores clásicos, pero hay que ir más allá. Proximidad significa acercarse a donde trabaja la gente y si no hay centro de trabajo, el sindicato tendrá que hacerse presente de otra manera distinta. Por hablar además de los sectores que también están bastante feminizados. Pues no se hace igual el sindicalismo en una residencia o centro de día que en un servicio de ayuda domiciliaria. En una hay un centro de trabajo y en otro el centro no existe, es una dispersión. Y en los dos ámbitos se puede hacer sindicalismo perfectamente. En los dos ámbitos se puede organizar a la gente y hacer lo que decía Elena, que es la clave de todo esto, es decir, que el problema individual que tú tienes en tu vivencia laboral, el sindicato te lo vincula a un problema colectivo.

    Elena Blasco: Un ejemplo de esto es el de las trabajadoras del hogar. A pesar de las dificultades, el sindicato tiene que llegar hasta ellas, conocer sus problemas, caminar junto a ellas. En este sentido apostamos por un sindicalismo de proximidad.

    Unai Sordo: Creo que la función representativa la hemos ejercido bastante bien y se han generado derechos para muchísimas personas, hemos respondido a derechos conculcados, hemos actuado a través de las asesorías laborales y jurídicas. Eso está bien, pero es insuficiente. Necesitamos un sindicato más proactivo. La variedad de problemas exige que el sindicato tenga presencia en donde están las trabajadoras y trabajadores, que detecte o conozca sus demandas. Los planes de igualdad son el ejemplo más paradigmático o la salud laboral. El sindicato tiene que detectar esas disfunciones y las tiene que denunciar pero organizando a la gente.

    La brecha salarial parece que, por fin, ha entrado en la agenda política, ¿se avecinan cambios?

    Elena Blasco: Hay propuestas por parte de algunos grupos políticos, pero no soy tan optimista en cómo se vayan a desarrollar. El problema es que el punto que ponen para hacer el análisis de la brecha salarial no creo que sea el adecuado, o al menos no el completo. No sólo hay que fijarse en el salario o retribución directa o en las tablas salariales. La brecha se genera por los complementos directos e indirectos que se desarrollan, por el reconocimiento de la cualificación profesional, por el estereotipo de una serie de trabajos que tienen menor cuantía salarial que otros, cuando pueden llegar a tener mayor responsabilidad.

    Unai Sordo: Incluso hay quien aún niega su existencia. Me ha ocurrido en redes sociales. O cuando te preguntan: ¿dónde has visto tú un convenio que tenga distintos salarios? Es una mentalidad muy “carca” que entiende que una vez eliminada la discriminación formal, la discriminación de grandes titulares, parece que ya no tenemos problema. Ningún político va a negar la existencia de la brecha salarial en la tribuna del Congreso, sería “políticamente incorrecto”, pero me gustaría saber exactamente a qué la atribuyen.

    Esta semana, coincidiendo con el 25N, está teniendo lugar el juicio de los sanfermines, ¿cómo se debería trabajar contra las violencias machistas?

    Unai Sordo: El caso de Navarra es patético por las barbaridades y por los enfoques que se hacen a la hora de hacer que la carga de la prueba recaiga en la víctima. Es alucinante y esperpéntico que desde las redes sociales se juzgue si esta mujer llevaba una vida “normal. Cualquier mujer tiene derecho a emborracharse o drogarse, si eso es lo que le apetece, y nadie tiene por qué violentarla. En este país, no hay más que darse una vuelta por las fiestas de verano de las ciudades y de los pueblos para comprobar que sigue estando muy latente el tema de la agresividad verbal y física y pareciera que las mujeres no pueden salir del “espacio civilizado de la vida ordinaria” para no exponerse.

    En los últimos años, la violencia sexista se ha politizado y esto es muy positivo. La violencia contra las mujeres hay que vincularla con las causas estructurales tanto económicas -porque la independencia o dependencia económica tiene mucho que ver- como culturales. Hay que deconstruir los roles de género y apostar por medidas que permitan a las mujeres poder llevar una vida autónoma en cualquier circunstancia. La prevención en la educación es fundamental. Y es necesario aplicar medidas punitivas cuando se produzcan hechos concretos.

    Ayer veía en la tele a una mujer de Bilbao denunciando que le habían puesto escolta para garantizar su seguridad y hacía la siguiente reflexión: “yo no voy a agredir a nadie, no soy el problema”. Y tenía toda la razón.

    Elena Blasco: Todos los juicios tienen una causa. En este caso se juzga si hubo o no una violación grupal. Éste es el hecho que ha de juzgarse. El resto de circunstancias es indiferente. La violencia machista se expresa en múltiples contextos, en frases, comentarios, conductas… el caso de Navarra vuelve a visibilizarlo y la respuesta de los movimientos feministas está siendo muy buena.

    No me trago este sapo, #Escribo Mi Propio Cuento es el lema elegido este año desde Comisiones Obreras con motivo del 25N…

    Elena Blasco: La campaña realmente tiene un mayor recorrido, aunque es verdad que la presentamos este 25-N. Queríamos un eslogan reivindicativo (No me trago este sapo) que, en realidad, sirve para frenar cualquier ataque o discriminación contra las mujeres. No somos el “sexo débil”, estamos cambiando las cosas que no nos gustan y vamos a seguir haciéndolo. Comisiones Obreras va a seguir defendiendo los derechos, denunciando y reivindicando frente a cualquier ataque que discrimine a las mujeres.

    La lucha contra la LGTBifobia y la discriminación en el trabajo por diversidad sexual y de género es otra de las áreas de trabajo cruciales, ¿cómo se abordará?

    Unai Sordo: Toca hacer sensibilización y denunciar actitudes. Porque aún hay actitudes LGTBifóbicas muy toleradas en el imaginario colectivo. Y en el mundo del trabajo en particular, siguen encontrándose con manifestaciones muy crueles. Toca sensibilizar y normalizar la presencia de las personas LGTBQI en cualquier espacio público.

    Elena Blasco: Estamos trabajando en todo un itinerario que incluye sensibilización y formación; es importante conocer los conceptos, las definiciones; porque uno de los principales problemas de la LGTBifobia es el desconocimiento. Estaremos muy pendientes para dar respuesta a todo tipo de discriminaciones, especialmente si se dan en el ámbito laboral. Tenemos desde la confederación un acuerdo de colaboración con la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y con otras asociaciones desde las federaciones estatales y desde territorios. Buscamos nuevas esferas de participación, que escapan de lo estrictamente sindical, contacto con agrupaciones deportivas, con el mundo de la cultura (cine, música…). Relaciones que nos acercan más al día a día y a la cotidianeidad de la gente.

    Carmen Briz (@RevTrabajadora) es periodista y forma parte del equipo de la Secretaría Confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras.

    Publicado en Revista Trabajadora, n. 62 (noviembre de 2017).

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