Feminismo de clase, de Elena Blasco Martín

    EL SIGUIENTE artículo "Feminismo de clase", de Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras, fue publicado en la revista de información y reflexión Trabajo Sindical, n. 127, que edita CCOO de Aragón. 

    16/04/2019.
    Dorothy Pitman-Hughes y Gloria Steinem (1971), fotografía de Dan Wynn. Y ellas mismas vueltas a retratar juntas, en 2016, por Daniel Bagan.

    Dorothy Pitman-Hughes y Gloria Steinem (1971), fotografía de Dan Wynn. Y ellas mismas vueltas a retratar juntas, en 2016, por Daniel Bagan.

    NOSOTRAS, las mujeres de CCOO nos hemos organizado en un sindicato de clase, solidario, internacionalista, que busca transformar la sociedad para lograr una sociedad más justa. Y muchas de nosotras estamos afiliadas y organizadas también en organizaciones feministas.

    Somos continuadoras de la centenaria lucha feminista como mujeres y como trabajadoras. Han sido miles de mujeres las que nos han antecedido, las que han luchado por la desigualdad salarial, por mejoras en salud laboral, jornada, permisos de maternidad, frente al acoso sexual, etc. Lucharon por los derechos, las mejoras sociales y las libertades. Era, el suyo, un feminismo de clase, y de esa genealogía somos continuadoras. Son las Flora Tristán, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai… y las miles de mujeres anónimas que las acompañaron y las reforzaron.

    De nuestro pasado reciente, ya como CCOO, podemos decir que somos continuadoras de las Begoña San José, Nati Camacho, Ramona Parra…, y miles de compañeras sindicalistas más, a las que no dejaremos de rendir homenaje y reconocimiento.

    Las mujeres somos las más precarias laboralmente. Hemos denunciado el crecimiento de la pobreza y de las desigualdades, con especial impacto en nosotras, con crudeza en algunos grupos, como las mayores, las paradas de larga duración, las que están a cargo de menores en hogares monomarentales o las inmigrantes, entre otras.

    También hemos denunciado la persistencia de la brecha salarial, el empeoramiento de las condiciones de empleo en muchos sectores feminizados, como consecuencia de las reformas laborales. Y hemos alertado de las brechas de género en la protección social y en las pensiones, especialmente en lo económico, a consecuencia de nuestra desigual inserción laboral,

    Porque somos conscientes de nuestra situación ante el empleo y la desigual distribución de la riqueza que se genera por esa vía (conflicto capital-trabajo), nos sabemos trabajadoras y nos organizamos en un sindicato de clase.

    CCOO lleva desde su origen la lucha contra la doble discriminación nos afecta como mujeres, por ser mujeres y por ser trabajadoras a la que unimos la lucha contra todo tipo de violencias. Una lucha que la llevamos a todos los ámbitos en los que estamos como CCOO, sin tregua, sin ningún descanso.

    Dicho de otro modo, nuestro trabajo se encuentra principalmente ubicado en la base de lo material, del componente económico y social como elemento clave del empoderamiento y la autonomía personal de las mujeres. En nuestro feminismo se cruzan los problemas de clase y de género, a la vez que tenemos en cuenta los derivados por cualquier otra circunstancia o condición personal o social.

    Nuestra posición, tanto la feminista como la sindicalista, se basa en los principios de justicia, libertad, igualdad y solidaridad. Sabemos que nuestra lucha es colectiva y que los logros deben ser también colectivos. Ése es el valor del sindicalismo de clase.

    Respetando todos los enfoques teóricos, nosotras, las sindicalistas, que no somos teóricas, sino que primamos la acción (“hicimos, hacemos, haremos” es nuestro lema) destacamos la necesidad de reconocer el valor del trabajo de las mujeres, de los trabajos (en plural), tanto el que realizan como asalariadas como el que realizan, por imposición de la lógica patriarcal de la domesticidad, en el ámbito del hogar, el trabajo doméstico y de cuidados, básico para el sostenimiento de las sociedades.

    Las desigualdades persisten, pero hemos avanzado en la lucha. El pasado 8 de Marzo cambió el relato en los medios de comunicación. Las desigualdades y la violencia hacia las mujeres abrieron los telediarios, fueron primera página en los periódicos. Las problemáticas tantas veces denunciadas (brecha salarial, precariedad laboral con rostro de mujer, violencias machistas…) fueron, de repente, protagonistas del discurso mediático. Pero donde ha habido muchos menos cambios, es sin duda, en nuestra vida real como mujeres.

    Un logro sustancial es que la agenda feminista forma parte ya de la agenda sindical, no lo vamos a negar. Nuestro objetivo es acabar con las desigualdades sociales, y las de género forman parte sustancial de ellas. Como he señalado anteriormente, si el pasado 8M cambiamos el relato, ahora se trata de cambios estructurales. Por eso, decimos también, para CCOO es 8M siempre. Para el sindicalismo de clase de CCOO todos los días son 8 de Marzo.

    Algunos indicadores de la desigualdad estructural de género en nuestro entorno: menor acceso a empleo (inactividad, paro, economía informal o sumergida) y al empleo de calidad (segregación, tiempo parcial, temporalidad); discriminación salarial y salarios más bajos (sectores feminizados); menor presencia en puestos directivos en organismos económicos (menos poder en decisiones económicas); menor acceso a prestaciones sociales y prestaciones de menor cuantía; menor acceso a pensiones contributivas y brecha en pensiones; trabajo reproductivo (doméstico y de cuidados) asignado por el rol de género como obligación principal, vitalicia y gratuita. Esta obligación de cuidado causa abandono del empleo que puede ser definitiva o temporal, mediante excedencias /reducción de jornada; Y cuando no hay abandono del empleo lo que hay es doble o triple jornada de trabajo.

    Todo ello termina produciendo la desigualdad económica que sufrimos las mujeres: somos más pobres y tenemos un acceso menor a los recursos que proporcionan la autonomía económica.

    Desde CCOO unimos nuestros intereses en defensa de la clase trabajadora, es decir, la lucha por la justicia social, la redistribución de la riqueza en la pugna capital/trabajo, vía salarios dignos así como vía prestaciones sociales y servicios públicos como derechos en un Estado de bienestar, con los intereses como organización con objetivos feministas. Estos son, fundamentalmente: incorporar la perspectiva de género en esta lucha, integrando la justicia de género en la justicia social.

    Tenemos los “enclave violeta”, punto de visibilidad de la lucha sindical y feminista presente en todas y cada una de las movilizaciones sindicales, resultado de transversalizar la perspectiva feminista a la esfera sindical. Solo así se conseguirá el objetivo perseguido de igualdad real y efectiva. Y queremos que nunca más haya retrocesos en nuestros derechos, y que la igualdad sea un camino sin retorno.

    Las CCOO tuvimos, tenemos y tendremos el objetivo irrenunciable de construir colectivamente una sociedad inclusiva e igualitaria, en la que no tengan cabida ni discriminaciones ni violencias contra las mujeres. En esto estamos y nunca nos rendiremos.

    El sindicalismo de clase, el sindicalismo organizado, nos empodera a las sindicalistas, empodera a todas las mujeres. Y no hay duda, mas mujeres en organizaciones sindicales, hacen sindicatos más fuertes.

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