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Entrevista a María Castejón: "Se puede hacer entretenimiento y hacer también crítica social", de Carmen Briz

    LAS PRINCESAS TAMBIÉN friegan, las protagonistas de las películas dejan de pasarlo mal cuando se rebelan y las mejores heroínas son las que caminan con sus zapatillas de andar por casa. Carmen Briz conversa con la crítica de cine María Castejón sobre feminismo y personajes de ficción.

    16/12/2019.
    María Castejón, fotografía de Sara García.

    María Castejón, fotografía de Sara García.

    MARÍA CASTEJÓN nace en Estella (Pamplona) hace 43 años, crece en un ambiente donde hablar de política es corriente y decide pronto que quiere ser historiadora y centrarse además en rescatar la olvidada historia de las mujeres. Muy joven se marcha a vivir a Pamplona para terminar la tesis. En su cabeza desfilan las mujeres libres, las anarquistas: “Tenían un discurso superpotente”, explica. Pero las circunstancias, las casualidades o no, de la vida, le llevan al ensayo Los desarraigados en el cine español, de Roberto Cueto: “Ahí es donde doy el salto de la historia social a la historia cultural”.

    María Castejón ha trabajado, entre otras cosas, como gestora cultural, bibliotecaria y programadora en muestras de cine. Pero como otras muchas mujeres de su generación, tras la llegada de la crisis y verse en el paro de la noche a la mañana, se mueve entre la inestabilidad y la inseguridad. Le pregunto si se puede vivir de la gestión cultural o de proyectos feministas en esta era de precariedad, o es casi un imposible como escribía Remedios Zafra en El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. De momento, María Castejón se siente privilegiada porque se mantiene. Trabajando mucho, eso sí, y hablando de feminismo, cine y series a niños y niñas, a adolescentes o dando conferencias y dinamizando cine clubs.

    ¿De dónde parte la idea de poner en marcha el blog Las princesas también friegan?

    Es mi época más divertida. Dejé a un lado lo académico. Me quedé en el paro y para sobrellevar la situación me invento este alter ego. Tuve mucha suerte porque entonces tampoco se publicaba tanto en los medios sobre feminismo y dio mucha visibilidad a mi trabajo. Es interesante lo de hacer un poco la mamarracha en Internet. El blog tenía un poso feminista muy grande y era comprometido. Fue un momento duro de la vida, pero a la vez muy chulo.

    ¿Piensa que si la sociedad es machista lo normal es que ese machismo aparezca en los personajes cinematográficos o de series?

    Las series y las películas son siempre representaciones, no son reflejo de la realidad. Esto tiene que quedar muy claro, porque es la interpretación que hace quien se pone detrás de la cámara. Normalmente son personas con privilegios y pueden o bien reproducir lo que ven en la sociedad, que puede ser sexista, entonces estamos consumiendo otra vez productos sexistas que naturalizan una desigualdad que no es real, y por otra parte también está la opción de dinamitar este sexismo y hacer otro tipo de representaciones. Podemos aplicar la perspectiva feminista a cualquier producto, a un fragmento de una película. Por ejemplo, a mí Torrente (de Santiago Segura, 1998) me es superútil para sensibilizar sobre muchas cuestiones. No lo deshecho.

    ¿Cómo se educa en igualdad en las familias y en las casas?

    Tú le das a una niña una muñeca –estoy generalizando, porque luego depende de la niña– y se pone a acunarla, y tú le das a un grupo de chicos un muñeco y se ponen a darle golpes. Todavía asumimos un montón de roles sexistas, aunque no se den en las familias, ahí están las canciones, la tele. Por una parte, hay que analizar de forma crítica productos que ven, por ejemplo de Disney, que tiene un poder brutal y, por otra parte, meterles otro tipo de productos audiovisuales, diferentes. Cuando doy clases de igualdad, me interesa mucho el tema de la alfabetización audiovisual. Me gusta ir hacia el pasado y enseñarles otro tipo de ficciones. Verano azul me marcó: poner el episodio en el que a Bea le baja la regla por primera vez es muy interesante o cuando se echa un novio de fuera de la pandilla y el resto trata de controlarla. Genera buenos debates.

    ¿Cuenta la gente joven con más cultura audiovisual o solamente se limita a consumirla?

    La alfabetización audiovisual y digital es absolutamente necesaria. Tenemos una escuela todavía muy decimonónica, en la que no estamos creando ciudadanía crítica. Y crear ciudadanía crítica pasa por analizar las imágenes. Tienen que ser críticos y críticas, saber diferenciar entre lo real y la ficción, saber que son las fake news y la manipulación, saber que los memes distorsionan la realidad, etc…. Ahora mismo estoy dando un curso de alfabetización audiovisual para profesorado de Secundaria, para darles herramientas. No concibo una alfabetización audiovisual crítica sin perspectiva de género.

    Hice un taller de youtubers, para gente de institutos, y fue demoledor encontrarte con 50 chicos influyentes y sólo 3 chicas. Con chicas hablando de maquillaje y belleza y con chicos jugando a lanzar objetos. No es casual. A mí me dio mucho horror lo de los youtubers, pero luego se me quitó un poco el punto de vista “adultocentrista” al conocerlo más. La aplicación TikTok tiene las dos cosas: vídeos contra el bullying y gente bailando. La tecnología es un instrumento y está facilitando muchísimas redes. Tenemos un acceso muy fácil a la comunicación, pero nunca ha estado tan controlada.

    ¿Hay que echar un vistazo a las historias que se nos cuentan en las pelis, en las series para percibir los cambios en la vida de las mujeres?

    Escribí Fotogramas de género Representación de feminidades y masculinidades en el cine español con el objetivo de ver cómo había evolucionado la situación de las mujeres tomando el cine como fuente, y además el cine nos da mucha más información que el archivo. En la década de los ochenta, sobre todo con las películas de las cineastas de la transición: Josefina Molina (Función de noche, 1981), Pilar Miró (Gary Cooper que estás en los cielos, 1981) y Cecilia Bartolomé (¡Vámonos, Bárbara!, 1978), las mujeres estaban en una encrucijada brutal, muy dura, muy dolorosa, pero siempre en esas tres películas existe la opción de tirar sola para adelante.

    En 1995, que es mi generación, encontramos publicistas, maestras, todo tipo de mujeres: mujeres que follan, que beben, que tienen muchísima libertad. Coexistían ambas generaciones. Pero hay una dependencia brutal hacia el amor romántico. Es algo que me llama muchísimo la atención. De la misma manera que, antes, se exigía a las mujeres que estuvieran atadas a la pata de la cama, en los ochenta se les exigía que estuvieran liberadas. Carmen Maura en Tigres de papel (Fernando Colomo, 1977) tiene una secuencia maravillosa en la que llora y le dice a la de al lado: “A mí esto de la liberación sexual, tampoco te creas tú que me ha solucionado la vida...”. Los cambios fueron brutales: se legalizó el divorcio y el aborto (de aquella manera) y las mujeres pudimos salir de casa, pero había un machismo de base muy importante, las estructuras se mantuvieron y las resistencias fueron grandes.

    ¿Una de sus decisiones a la hora de enfrentarse a escribir Fotogramas de género fue el abordar sí o sí las masculinidades?

    En la tesina me fijaba más en las feminidades y luego ves que están en relación con las masculinidades. De las treinta y pico películas que selecciono (dirigidas por mujeres o muy taquilleras) son casi todas historias heterosexuales. Y entiendo que tengo que analizar las masculinidades, porque casi no cambian. Fernando Trueba rueda Ópera prima en 1980 y es importantísima en el cine español, encontramos ese modelo masculino, este hombre que ve que la novia no es como la abuela o como la madre, que algo ha cambiado, pero apela al sentimentalismo, en plan “soy un desastre, pero en el fondo soy entrañable, soy un machista, pero en el fondo fíjate tú, abrázame”, que también es un modelo masculino que llega hasta la actualidad y que se ve todavía en muchas películas. No podía estudiar las feminidades sin estudiar las masculinidades.

    ¿Continúa la masculinidad encorsetada a pesar de que haya directores de cine, como Cesc Gay, que ofrecen un relato de las masculinidades más diverso?

    Vi hace tiempo Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2012) y es demoledora. Es un cuestionamiento importante de la masculinidad. Aunque en el cine todavía se mantiene bastante la idea del “héroe que nos salva”. En las series es diferente, es más fácil, porque los personajes tienen más recorrido. En 13 capítulos tienes más posibilidades de desarrollar un personaje y hacerlo evolucionar. Por ejemplo, en Los Soprano, sí que hay un cuestionamiento del héroe. Tony Soprano ya tiene sus sombras. Y también lo vemos en los protagonistas de Magnum o de The Wire

    ¿Es posible analizar películas y series sólo desde el punto de vista feminista o hay que complejizar más las relaciones sociales y personales?

    Tenemos que complejizar más. A mí me ha costado, pero no entiendo el análisis sin la dimensión de clase y de raza. Además creo que al feminismo de este país le hace mucha falta introducir estas dimensiones. El feminismo está de actualidad (no puede estar de moda jamás estuvo “de moda” un movimiento social, político, filosófico) y hay que aprovecharlo. Es un proceso personal y profesional. Tampoco concibo hacer solamente un análisis temático sin fijarme en los temas formales (la fotografía, los planos…). Es un aprendizaje, pero tenemos que ampliar, porque si no muchas veces incurrimos en “los mujerismos”. Necesitamos la categoría de género para denunciar la violencia machista, pero hay otros análisis que creo que tenemos que complejizar más.

    Es común que las cineastas tengan como protagonistas en sus óperas primas a mujeres y que después se decanten por otros géneros,” decía en una entrevista. ¿Tiene que ver también con el pánico a que cataloguen tu cine como “cine de mujeres”?

    Si. El noventa y cinco por ciento de cineastas hacen su primera película con personajes femeninos. Está completamente demostrado también objetivamente que cuando una cineasta tiene una obra más larga, como Iciar Bollain o Isabel Coixet puede contar las historias que le dé la gana. Es muy paradigmático y muy curioso. Las cineastas de los noventa, que se supone eran el boom finalmente eran 16 (el 6 % del total de cineastas). Estás ahí luchando, por sacar adelante tu primera película, con tus 25 años y viene un periodista a preguntarte cómo puedes rodar y compaginar con tu vida familiar. “¡Vete a la mierda!”.

    Es normal que no quieran que les pongan la etiqueta de “cine de mujeres”, porque las aleja del cine universal, y porque, en una sociedad como la nuestra, desvaloriza tu película o tu producto. Las entiendo perfectamente, porque a Álex de la Iglesia jamás les preguntan cómo compagina su vida laboral con su vida familiar.

    Rebeldes y peligrosas es el nombre de uno de los ciclos de cine que coordina. ¿Puede una protagonista ser rebelde y peligrosa y no tener que pagar un alto precio por sus desafíos?

    Creo que sí. A lo largo de la historia hay muchos ejemplos. Hay mucha más subversión de la que creemos, y la tenemos que descubrir. Porque Mae West no pagó ningún peaje. Sí, claro, hicieron el Código Hays (1) para controlar su cine, pero ella le dio la vuelta totalmente a la censura y se hizo rica. Están todas estas modelos de mujeres interpretadas por Katharine Hepburn, en el cine clásico. Y algo que están haciendo series como El cuento de la criada, Big Little Lies o Top of the Lake, que es un poco más desconocida, es precisamente eso, que ya no tengamos que sufrir.

    ¿Con quién se queda: con las heroínas inalcanzables o con aquellas que hacen una heroicidad de su vida cotidiana?

    Para mí la gran heroína siempre ha sido Escarlata O’Hara (Lo que el viento se llevó, de Victor Flemin, George Cukor y Sam Wood, 1939). Mae West también se ha metido muy fuerte en mi vida. Pero mi heroína por antonomasia es Carmina Barrios (Carmina o revienta, de Paco León, 2012 y Carmina y Amén, de Paco León, 2014). Carmina dinamita absolutamente todo, porque va desde lo cotidiano, desde la precariedad, y dinamita la noción de víctima. Es un “personajazo” brutal. Para mí, un referente.

    Thelma y Louise es un ejemplo de película que ha envejecido muy bien ¿Alguna otra historia que haya escupido de ese modo contra el machismo?

    Mildred Hays, en Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh, 2017), también es una heroína, un titán muy potente.

    Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991) tiene una gran fuerza visual y Susan Sarandon y Geena Davis están magnificas. Ridley Scott arma una historia que tiene que ver con el género, pero con los códigos cinematográficos de siempre, una tías que se escapan, que roban, donde Harvey Keitel les sigue y empatiza con ellas. Lo brutal de Thelma y Louise -que todavía sigue funcionando en la actualidad, a pesar de tener ya veintiocho años- es que han huido porque la policía no les iba a creer. Las nuevas generaciones lo pillan al instante. Tienen otro tipo de bagaje y mayor sensibilización hacia la violencia sexual.

    Las series -además del formato y del cambio que suponen a la hora de consumir productos audiovisuales- están ofreciendo un enorme abanico sobre las representaciones de género. ¿Llega esta forma de hacer para quedarse?

    Las y los guionistas van a tener que estrujarse la cabeza y hacer también otro tipo de historias en las que no solamente seamos víctimas, porque el nuevo público es muy exigente y lo será más. En las series veremos cada vez más mujeres negras, mujeres gitanas. Ahí también está todo el tema de LGTBI+ y trans que en nuestra época era impensable. No es que no nos lo pudiéramos plantear, sino que no existía a nuestro alrededor. Veías como mucho La muerte de Mikel (Imanol Uribe, 1983) que también fue impactante en aquellos momentos. Batwoman, en la serie de la HBO, es lesbiana y no pasa nada. La diversidad no puede convertirse en cuota, tampoco debe ser superficial. Se puede hacer entretenimiento y hacer también crítica social. Necesitamos productos inteligentes y divertidos.

    Sin embargo, el humor es especialmente sensible a los cambios sociales, ¿resistiría bien hoy día una serie como Aida?

    Creo que perdura. Mis hijos se han criado con Aida y ha sido maravilloso. Nos hace falta mucho humor, humor incorrecto e irreverente. Y si roza la ofensa, pues también, porque escuece. Yo soy muy de esa línea. ¿Por qué ves Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) después de doce años y la gente se muere de risa? ¿Por qué Las mujeres de verdad tienen curvas (Patricia Cardoso, 2002), sigue siendo mi película referencial para trabajar con profesorado, aunque todo el mundo la haya visto? Pues porque sigue siendo una obra maestra.

    ¿Sirven las series para debatir sobre problemas y asuntos que están en la agenda feminista?

    Por supuesto. Además es una de las herramientas más válidas que podemos tener, porque las series van a lo vivencial, al sentimiento y nos atraviesa y nos llega, y no hace falta tener los mecanismos que tenemos que activar cuando leemos un texto. Las series, las películas son absolutamente necesarias, son una herramienta y son un vehículo. Por ejemplo, hubo un montón de gente que se enteró de que hubo una lucha organizada a nivel internacional por el sufragio femenino cuando vio la película Sufragistas (Sarah Gravron, 2015). Yo me enteré de que hubo unas mujeres negras que habían hecho cálculos matemáticos para la NASA cuando vi Figuras ocultas (Theodore Melfi, 2016). Muchos hombres se han dado cuenta de la violencia que sufrimos las mujeres en nuestros cuerpos por series como El cuento de la criada (2).

    Una serie que sea “imperdible” y que recomendaría a quienes nos leen.

    Top of the Lake, que tiene dos temporadas y está protagonizada también por Elisabeth Moss. Sale Holly Hunter, que tiene una comuna feminista y es maravillosa. Sobre el mundo laboral, hay una de madres: Workin’ Moms. Está bastante bien, tiene bastante mala leche. Mola. Recomiendo también, encarecidamente, Feud: Bette y Joan. Grace y Frankie, protagonizada por Jane Fonda y Lily Tomlin, también está muy bien.

    ¿Piensa que tiene que volver el humor gamberro de Las chicas de oro a la parrilla televisiva ya?

    Ya están tardando. Trabajo mucho Las chicas de oro en mis cursos. Las pongo mucho. A las más jóvenes les alucina. Blanche es una mujer hipersexualizada que lo único que quiere es follar. Es maravilloso, ¿por qué tenemos que estar siempre todas luchando, tan perfectas? Venga, venga, un poco de todo.

    Carmen Briz (@MamenBriz) es periodista y forma parte del equipo de la Secretaría Confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras.

    (1) El Código Hays se aplicó en Estados Unidos desde 1934 hasta 1967 y decidía qué contenidos eran moralmente aceptables en las películas.

    (2) La serie El cuento de la criada está basada en la novela del mismo título de la canadiense Margaret Atwood, escrita en 1985, que ya reseñamos en la revista Trabajadora, n. 62 (noviembre de 2017).

     Revista Trabajadora, n. 68 (noviembre de 2019).