CONGRESO CES. Intervención de Monserrat Mir, secretaria de Internacional de CCOO en el panel de Cambio Climático

    08/10/2015.

    Hace ya tiempo que el movimiento sindical está involucrado en afrontar de manera decidida los problemas medioambientales. Problemas cada vez más acuciantes que han derivado en una crisis ecológica que proviene de la contaminación tóxica global, de la creciente pérdida en todo el mundo de patrimonio natural y biodiversidad y, sobre todo, del calentamiento climático.

    Estos problemas tienen una notable incidencia negativa en la salud humana, y particularmente en la de los trabajadores, así como en las condiciones materiales en las que se desarrollan las actividades productivas. Sectores como la agricultura, la pesca, el turismo, incluso la industria, pueden verse afectados en muchas partes del mundo por la pérdida de recursos naturales y por el deterioro ambiental.

    Podemos perder salud, podemos perder empleos si nos plegamos a los intereses de ciertas empresas sucias que están en el origen del deterioro ambiental y si no somos capaces de transformar este modelo de producción y consumo. Además las empresas que no se adapten a un comportamiento sostenible van a perder elementos de competitividad en un mercado en el que cada vez hay una presión mayor de la propia ciudadanía por el medio ambiente.

    Sabemos que el desafío más grave y más urgente es el cambio climático y aún estamos a tiempo de que, con medidas de mitigación profundas, se pueda conseguir que los impactos del cambio climático permanezcan en un nivel controlable. Los científicos han señalado en el reciente V Informe del Panel Intergubernametal para el Cambio Climático (IPCC) que la transición a una economía con bajas emisiones de carbono es técnicamente viable y que cuanto más esperemos para actuar mayor será el coste de la adaptación. No es la primera vez que han señalado los riesgos de las alteraciones climáticas o la urgencia de las medidas de adaptación y de mitigación que es preciso poner en marcha, pero sus afirmaciones cada vez están revestidas de mayor contundencia.

    Los sindicatos ya nos hemos posicionado hacia la perspectiva de una economía ambientalmente sostenible con bajas emisiones de carbono. En el congreso de la Confederación Sindical Internacional (CSI) celebrado en Berlin en mayo de 2014 más de 50 sindicatos de todo el mundo formalizamos compromisos concretos para presionar a nuestros gobiernos para que aumenten la ambición para ese acuerdo climático internacional que se tiene que conseguir en 2015.

    Más recientemente la Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha emitido declaraciones en las que ha señalado que reducir drásticamente las emisiones globales es un deber de solidaridad y que no se puede bajo ningún concepto utilizar el pretexto de la crisis o de la competitividad económica para retrasar las políticas de reducción de emisiones.

    La CES ha reconocido también que la transición a una economía baja en carbono conducirá a mayores retos para los sectores y las regiones que dependen del carbón y del gas y de la industria intensiva en energía y ha pedido a la UE una estrategia de transición justa con inversiones principalmente públicas en tecnologías bajas en carbono.

    En este contexto se celebra la Conferencia de cambio climático de Paris en diciembre de 2015. Todos los sindicatos nos estamos involucrando en la movilización social que se está desarrollando en toda Europa con el fin de presionar a los responsables políticos para que se alcance un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que establezca objetivos de reducción de emisiones de carbono suficientes para mantener la temperatura global por debajo de los 2º o menos.

    Sabemos que esto debe suponer una transformación energética en todos los sectores. En las fuentes energéticas pero también en el uso de la energía en los edificios, en las industrias y en el transporte. No podemos admitir que los necesarios cambios los frenen ciertos sectores empresariales anclados en sistemas productivos contaminantes.

    El del transporte es un ámbito al que hay que prestar más atención ya que no está resultando fácil reducir sus emisiones. Además en relación con la movilidad urbana hay un aspecto que nos concierne particularmente a los sindicatos, es el de en qué medios se desplazan los trabajadores a sus lugares de trabajo. Tenemos que impulsar medidas para que en los desplazamientos por motivos laborales se use más el transporte público y los demás modos sostenibles. Con ello mejoraremos también en disminución de la accidentabilidad laboral y en costes.

    Esta transformación hay que hacerla cuanto antes porque la necesidad de reducir las emisiones de CO2 es imperiosa y las tecnologías para conseguirlo están ya disponibles. Y sabemos también que este proceso puede suponer el desarrollo de nuevos sectores económicos que generen los llamados empleos verdes. Muchos sindicatos hemos evaluado la potencialidad de creación de empleo en estas actividades ligadas a las energías renovables, a la rehabilitación energética de edificios, a la movilidad sostenible, al reciclaje material de los residuos o a la eficiencia energética.

    Que la transición sea justa para la fuerza laboral, no sólo depende de que se creen empleos alternativos en otros sectores, sino que a los sectores y a las zonas geográficas que deban transformarse se les ayude de manera eficaz para la adaptación a esas nuevas realidades productivas y energéticas. Los gobiernos y la propia UE se tienen que involucrar activamente a través del sector público a través de planes de inversión para que esa transición se realice sin que los trabajadores resulten desprotegidos.

    Necesitamos también un nuevo modelo productivo que sea más limpio, que disminuya el uso de sustancias tóxicas en los procesos y productos, que además inciden en la salud de los trabajadores, y que promueva lo se llama una economía circular, esto es, un sistema de producción y consumo con menos residuos y en el que estos se recuperan para el propio sistema productivo evitando impactos negativos en el medio. Un nuevo modelo que use más los recursos biológicos renovables que nos proporciona la naturaleza, en vez de basarnos en extraer recursos minerales finitos con impactos mayores en su síntesis y transformación. Impulsar, pues, lo que la Comisión Europea ha denominado como bioeconomía.

    La Unión Europea se ha dotado de ciertos instrumentos normativos para proteger el medio ambiente y la salud, y particularmente la salud de los trabajadores. No podemos permitir que se debiliten las reglas establecidas por directivas y reglamentos. Y menos que sea como consecuencia de tratados comerciales que dotan a las multinacionales de una capacidad de influencia desmesurada con respecto a los ordenamientos jurídicos nacionales y europeos.

    Los sindicatos europeos tenemos que incrementar la ambición para conseguir que se adopten y desarrollen políticas que protejan el medio ambiente, el clima y paralelamente la salud de los trabajadores, pero también tenemos que desarrollar una acción sindical específica en el seno de las empresas para desde los lugares de trabajo hacer empresas más sostenibles y responsables, es decir con más futuro.

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