La era de la crispación, de Elena Blasco Martín

    Artículo de opinión de Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras publicado en la revista El Siglo de Europa el día 12 de juliode 2019.

    12/07/2019.
    Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO.

    Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO.

    VIVIMOS TIEMPOS de crispación, de eso no cabe la menor duda, tanto es así que en nuestro devenir y charlar diario hemos incorporado términos como “cordones sanitarios”, “líneas rojas”, “pactos de la vergüenza”… Expresiones que reflejan una forma agresiva y poco dialogante de sacar adelante proyectos políticos o sociales y que parecen tapar la incapacidad de quienes les dirigen.

    Algunas personas han hecho de ese clima de crispación su hábitat natural y en él se desenvuelven con naturalidad, recurriendo a la provocación, el enfrentamiento y la descalificación como medio de notoriedad y efímera popularidad. Resulta curioso que cuanto menor asentamiento ideológico tiene el razonamiento o la idea a difundir, mayor es la bravata con la que se sale a defenderlo.

    En estos días hemos asistido con satisfacción colectiva a la “corrección” de las sentencias de la Audiencia de Navarra y el Tribunal Superior de Justicia navarro por parte del Tribunal Supremo donde, más allá de incrementar las penas de los condenados, se ha modificado la calificación del delito, pasando de ser “abuso sexual” a “agresión sexual “y “violación”, algo que no sólo hace justicia con la víctima, sino que abre un nuevo escenario para las múltiples ‘manadas’, siendo un referente para aquellos que han perpetrado crímenes de esta naturaleza.

    La sentencia era necesaria pero pone de manifiesto la necesidad de cambios legales que eviten interpretaciones como el primer pronunciamiento judicial. También de itinerarios formativos específicos en materia de género en el mundo de la Justicia. El triunfo del activismo feminista es haber creado una alarma sobre una sentencia que, no nos engañemos, daba cobertura legal a lugares comunes en el subconsciente colectivo de mucha gente, de muchos hombres ante todo, sobre lo que es consentimiento, lo que es intimidación, sobre las mujeres como objeto. Algunas reacciones de opinadores y tertulianos a la primera sentencia y las manifestaciones del movimiento feminista dan cuenta de lo que queda por avanzar en este terreno.

    También hemos asistido a una lamentable polémica el día del Orgullo. Los colectivos LGTBI+, quienes convocaban la manifestación y tienen todo el derecho del mundo a convocarla con las organizaciones políticas y sociales que estimen oportuno, representan a colectivos de personas que han sufrido represión, cárcel, estigmatización, vejaciones… No habrá una persona homosexual, bisexual o transexual que no haya sentido en su vida situaciones de desprecio, ridiculización, señalamiento, violencia o acoso. Hoy se reivindican y se visibilizan en la calle.

    Eso es lo único relevante de la manifestación del día del Orgullo, por más que haya quien se empeñe en crear polémica, como presunto caldo de cultivo de voto y apoyos. O quizás para tapar las torpezas de estrategias políticas que te hacen pasar de ser un partido sobre el que pivote toda la dinámica política en España, a un partido instalado en la práctica cotidiana de gamberrismo.

    Ese caldo de cultivo sólo se sanará con cultura, corrección y firmeza en nuestras convicciones. Los derechos de las mujeres, el empoderamiento del feminismo como un discurso con potencialidad hegemónica, las políticas contra las violencias machistas, la visibilidad e igualdad legal hacia los colectivos LGTBI+, han provocado una respuesta reaccionaria. A veces desde posiciones abiertamente machistas, homófobas e intransigentes. Otras, confrontando con las organizaciones de mujeres o LGTBI+, desde un supuesto liberalismo que no es más que la expresión de la igualdad para las élites. Porque sin una acción pública correctora de las desigualdades éstas se mantienen y se cronifican.

    “La igualdad es el alma de la libertad; de hecho, no hay libertad sin ella”, dijo Frances Wright, adelantada a su tiempo. Hoy seguimos viendo que quienes más temen la libertad son quienes más atacan a la igualdad. Esta misma semana tenemos un nuevo escenario para hacer justicia, el caso de la ‘Manada de Manresa’.


    Un nuevo episodio en este terrible escenario de intimidaciones, abusos, agresiones y violaciones en donde las mujeres no nos quedaremos quietas, ni permitiremos la impunidad de hechos tan terribles. Tenemos claro que, hoy un poco más que ayer, serán juzgados y se hará justicia.

     

    Esta web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar su navegación. Si continúa navegando está dando su consentimiento para su aceptación y nuestra politica de cookies, haga click aqui para más información y ver cómo desactivarlas.