La reforma laboral no ha creado empleo, lo ha precarizado

    CCOO considera el informe del FMI como un ejercicio sin seriedad metodológica, pues compara la evolución del empleo en España con países con economías muy heterogéneas, tanto de la nuestra como entre ellos, y de ahí deduce los efectos de la reforma laboral de 2012.

    14/02/2020.
    Cientos de miles de personas rechazan en Madrid la reforma laboral

    Cientos de miles de personas rechazan en Madrid la reforma laboral

    El empleo repuntó en España por encima de la media Europea tras el fin de la crisis debido, no a la reforma laboral, sino a que aquí la caída previa fue más profunda y a la relajación de la dura política de austeridad impuesta desde Bruselas y avalada por el FMI, el cambio en el signo de la política monetaria y el viento de cola generado por la reducción del precio del petróleo y las materias primas. Desde el momento en el que se relajó el austericidio fiscal (posteriormente reconocido como equivocado hasta por sus promotores en la Comisión Europea) en 2014, el empleo y la actividad saltaron hacia arriba como una goma de la que se había estado tirando hacia abajo con políticas procíclicas.

    En consecuencia, la reforma laboral no ha producido ningún impulso adicional sobre el empleo, de hecho el ritmo de creación de empleo ha sido inferior en esta salida de crisis que en las dos anteriores. El crecimiento empleo fue del 2,3% en los primeros cuatro años de recuperación (2014–2017), por debajo del 2,7% producido en los cuatro años posteriores a la recesión de mediados de los noventa (1994–1998) y del 3,5% de la iniciada a mediados de los setenta hasta mediados de los ochenta, que fue más larga que la última vivida por la economía española.

    En cuanto a la desigualdad, en España se ha recortado menos en la distribución de la renta que Portugal que, a diferencia de España, ha llevado a cabo políticas de reparto de los esfuerzos para combatir los efectos de la crisis. De los 6,4 puntos en los que aumentó la desigualdad de la renta antes de transferencias públicas entre 2009 y 2014 en España, solo se han recortado 2,2 puntos porcentuales entre 2014 y 2018, una rebaja del 34,4%. En cambio, en Portugal la caída ha sido del 40,2%. Además, España sigue siendo en 2018 uno de los países de la UE donde la brecha entre ricos y pobres es más grande.

    Las reformas laborales de 2010 y 2012 no han servido para crear más empleo sino para precarizarlo. Han provocado una fuerte devaluación salarial, con una caída del salario por realizar el mismo trabajo entre 2008 y 2017 del 10,8% en términos reales (descontada la inflación), así como un reparto desequilibrado de las cargas que han caído, especialmente, sobre las personas trabajadoras, mientras los dividendos repartidos por las empresas seguían creciendo. Asimismo, las reformas laborales han aumentado los despidos, incrementando la rotación de los contratos indefinidos y temporales y, como señala el informe del FMI, han hecho crecer el tiempo parcial involuntario.

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