Nueva normalidad, viejas brechas: más paro, peor salud laboral y más desigualdad

    EN SEGUIMIENTO del impacto de género de la crisis del Covid-19), la secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras, Elena Blasco Martín, declara: “Cada vez que se publican datos sobre la situación sociolaboral de las mujeres en este período de “nueva normalidad” en plena crisis COVID-19 se activan nuestras alarmas. Y lo peor es que casi siempre se confirman los temores. Los datos del paro registrado siguen recogiendo el aumento (en exclusiva) del desempleo femenino en junio, con una media de 808 nuevas desempleadas cada día. Se confirma la peor salud laboral y se confirma que no se avanza en la eliminación de la brecha salarial. Hemos advertido del alto riesgo de postergar a las mujeres y a la igualdad en la gestión de la crisis para evitar retrocesos inasumibles. Lo volvemos a repetir: es urgente y necesaria la perspectiva de género en las políticas laborales”.

    06/07/2020.
    Nueva normalidad, viejas brechas: más paro, peor salud laboral y más desigualdad.

    Nueva normalidad, viejas brechas: más paro, peor salud laboral y más desigualdad.

    MÁS PARO FEMENINO. Conocidos los datos de paro de junio que proporciona en Servicio Público de Empleo (SEPE), vemos cómo el "tibio" aumento del paro general en junio oculta el aumento del paro en las mujeres. En la valoración de CCOO se destaca el papel protector para miles de personas de los ERTE: (El acuerdo entre sindicatos y Gobierno ha frenado la sangría a la que íbamos abocados en el mes de marzo), fruto del diálogo social, una herramienta que debe prolongarse en esta fase de reconstrucción del país. Desde el informe de coyuntura laboral del gabinete económico se señala que: “A 30 de junio seguían incluidos en ERTE 1,83 millones de personas cuando a final de mayo la cifra eran 3 millones, lo que refleja que más de un millón de trabajadores y trabajadoras se han reincorporado a sus puestos de trabajo”.

    El balance global apunta a un incremento de 5.107 personas (El paro registrado aumenta en el mes de junio en 5.107 personas). Desde una mirada de género se observa que, en realidad, los datos responden a un importante aumento del paro femenino que se ‘compensa’ por el descenso del masculino. Como pasó en mayo, el paro femenino continúa aumentando, con 24.240 mujeres más en las listas y un total de desempleadas que supera los 2,2 millones (2.215.918). El paro masculino, por el contrario, se reduce en 19.133 desempleados inscritos menos, hasta un total de 1.646.965.

    Hay 568.953 mujeres desempleadas más que desempleados (la brecha ha aumentado en 43.373 respecto al mes pasado, en que esta diferencia estaba en 525.580), pese a la diferencia en la actividad (Según la EPA 1ºTrimestre 2020, hay aproximadamente 1,5 millones menos de mujeres activas que hombres). Las mujeres suponen ya el 57,4% del paro registrado, que sigue feminizándose: ha aumentado en 0,6 puntos respecto al mes anterior, en que estaba en 56,8%.

    PEOR SALUD LABORAL. En esta semana se ha presentado el estudio Condiciones de trabajo, inseguridad y salud en el contesto de la COVID-19, elaborado sobre la base de 20.000 encuestas a trabajadoras y trabajadores por un equipo investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y CCOO, que ofrece, en palabras de Unai Sordo, secretario general de CCOO: “Una radiografía del impacto de la pandemia en la clase trabajadora”. Es llamativa la percepción de inseguridad laboral que muestra este estudio: 3 de cada 4 personas encuestadas (75,6%) muestra preocupación por la dificultad de encontrar un nuevo empleo en caso de perder el actual. También preocupa el empeoramiento de condiciones fundamentales de trabajo, especialmente una posible disminución del salario, que inquieta a 7 de cada 10 las personas encuestadas, o un traslado de centro de trabajo, unidad, sección o departamento contra su voluntad, posibilidad que preocupa al 42,4%.

    De los muchos resultados a tener en cuenta, resaltamos algunos especialmente relevantes desde el punto e vista de su impacto de género.

    - Las mujeres, las más afectadas por la “alta tensión”, aquella en que la persona está expuesta a altas exigencias pero tiene bajo control. La mitad de las mujeres encuestadas (47%) reflejan estar sometidas a este riesgo psicosocial que puede derivar en enfermedades coronarias.

    - El 41,6 % de las mujeres consideró que su salud había empeorado (y el 31,9% de los hombres). La mitad de las mujeres dice haber dormido mal muchas veces o siempre durante la crisis. Auxiliares de geriatría (56,6%), de enfermería (55,2%) y limpiadoras (52,4%) son quienes más declaran problemas muchas veces o siempre.

    - El riesgo de mala salud mental fue notablemente superior en mujeres que en hombres (63,8% y 46,8%, respectivamente).

    - El consumo de tranquilizantes fue superior en mujeres (27,4% mientras que fue de 15,9% en hombres). También son mayoría entre quienes se inician en el consumo (15,4% frente a 8,8%). En el caso del porcentaje de limpiadoras su consumo se ha duplicado (del 16,9% pre-pandemia al 34,7%), así como el de las auxiliares de geriatría (14,3% al 32,3%). En auxiliares de enfermería prácticamente se ha triplicado (11,6% al 31,6%), como en enfermeras (10,7% al 37,5%) y en el caso de médicas se ha quintuplicado (del 6,9% a 34,7%).

    - El incremento del consumo de analgésicos opioides se ha duplicado. Gerocultoras (34,1%), limpiadoras (33,4%), trabajadores en tiendas de alimentación y/o productos básicos, mercados o supermercados (28,9%) y auxiliares de enfermería (28,7%) son las ocupaciones que muestran un mayor consumo durante la pandemia, muy por encima de la cifra global.

    Para Elena Blasco Martín, este estudio refleja la peor salud laboral de las mujeres: “A las peores condiciones laborales de las mujeres se une la falta de protección en salud laboral y equipamiento frente a la pandemia y el miedo a no encontrar trabajo si se pierde el actual, junto con la sobrecarga de trabajo de cuidados consecuencia del confinamiento y el aumento de estrés emocional en las profesiones de cuidado y atención de personas, sin olvidar el aumento de casos de violencias machistas. Por eso desde CCOO decimos: igualdad es salud”.

    PERSISTENTE BRECHA SALARIAL DE GÉNERO. Estos días el INE ha publicado también un Avance de la Encuesta de Estructura Salarial (EES) 2018. Aunque los datos se refieren a 2018 y a falta de la publicación definitiva y un estudio más pormenorizado, ya son visibles algunos resultados extremadamente preocupantes.

    El salario medio anual de las mujeres fue de 21.011,89 euros, mientras que el de los hombres fue de 26.738,19 euros. El salario promedio anual femenino representó el 78,6% del masculino, según el cálculo del INE. En la EES 2017 pasado representó el 78,1%. Es decir, en un año apenas se recorta en 0,5 puntos porcentuales. Según el cómputo que realizamos en CCOO, el salario medio anual masculino en 2018 fue un 127,25% superior al femenino, que tendría que aumentar un 27,25% para equiparse.

    Las mujeres dejaron de percibir 5.726,30 euros anuales, respecto a los hombres, por trabajos iguales o de igual valor. En 2017 esta cantidad fue de 5.783,99 euros menos. Es decir, apenas 57,7 euros recortados en un año a la brecha, el 0,9% de esa cantidad diferencial.

    Influye la segregación sectorial. Un dato a destacar: Hostelería tuvo el salario medio más bajo, con 14.345,30 euros, un 40,3% inferior a la media. Un sector en el que trabaja el 9% de las mujeres, 1 de cada 10 trabajadoras.

    Influye el tipo de jornada. El número de hombres y mujeres que trabajan a tiempo completo fue similar para salarios inferiores a 15.000 euros. Sin embargo, a partir de dicho nivel salarial, el número de hombres fue siempre superior al de mujeres. Por el contrario, el número de mujeres a tiempo parcial fue muy superior al de hombres en prácticamente todos los niveles salariales, principalmente para los inferiores a 20.000 euros. Recordemos que el 75% del tiempo parcial lo desempeñan mujeres. Es decir, 3 de cada 4 empleos a tiempo parcial son de mujeres.

    Influyen los complementos. En 2018 el peso del salario ordinario sobre el salario bruto anual fue del 89,7% y el de las gratificaciones extraordinarias, del 9,8%. Por sexos, los pagos extraordinarios y en especie pesan más en los hombres que en las mujeres (10,1% y 0,5%, frente a 9,4% y 0,4%). Como consecuencia, el salario ordinario tiene mayor importancia en las mujeres (90,2%) que en los hombres (89,4%), lo que refuerza el impacto positivo en género y para acortar la brecha salarial que tienen las subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y Salario Mínimo de Convenio.

    Valorando estos resultados Elena Blasco Martín señala: “La igualdad retributiva es una cuestión de justicia y un derecho, no puede ser una asignatura pendiente que se posterga eternamente. Ya vemos que, año tras, año, apenas se recorta en porcentajes ínfimos. Ni nos conformamos con un descenso de medio punto ni lo podemos tolerar. Eliminar la brecha salarial de género y sus causas sociolaborales es un objetivo sindical prioritario, por eso seguimos reclamando en las mesas de Diálogo Social los cambios normativos y las medidas necesarias para garantizar empleo estable y seguimos trabajando desde la negociación colectiva en cada empresa y sector, negociando planes de igualdad con cláusulas que corrijan esta desigualdad económica”.

    Teléfono gratuito de CCOO por crisis COVID-19: 900 301 000

    Atención por correo electrónico: coronavirus@ccoo.es

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    #8MSiempre #VivasLibresUnidas #EnClaveVioleta

    Secretaría Confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO, 6 julio 2020

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