Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 28 enero 2026.

Revista Trabajadora 88 (Noviembre, 2025)

Generación XXI / Contra la trampa generacional, de Ángel Muñoz Muelas

    Desde hace un tiempo, determinados sectores empresariales y mediáticos insisten en difundir una idea tan seductora como falsa: que existe una lucha entre generaciones. 

    26/01/2026.
    Un grupo de personas jóvenes asiste a un acto de Ideas en Guerra.

    Un grupo de personas jóvenes asiste a un acto de Ideas en Guerra.

    Que los jóvenes no pueden emanciparse ni acceder a un empleo estable porque las personas mayores cobran una pensión pública.Y que, en definitiva, cuando unos ganan, los otros pierden. Pero este planteamiento, que a primera vista puede parecer inofensivo, encierra una idea profundamente peligrosa: que el Estado del Bienestar no puede atender las necesidades de todas, que los recursos públicosson limitados y que, por tanto, hay que elegir a quién proteger. Una narrativa que, aunque pretenda revestirse de análisis técnico, es puramente ideológica. Porque solo sirve a los intereses de quienes buscan enfrentar a la clase trabajadora, que comparte los mismos problemas, para que no miren hacia arriba.

    No es casual que este discurso emerja en un momento de crisis del neoliberalismo.Cuando sus políticas se revelan incapaces deresponder a los desafíos sociales, climáticos y económicos actuales, se intenta reescribir el conflicto en términos culturales o generacionales para evitar hablar de lo esencial: del podery de la propiedad. La batalla entre generaciones es, en el fondo, la versión amable del viejo sálvese quien pueda.

    La realidad es que tanto los jóvenes como las personas mayores sufren las consecuencias de un mismo modelo económico que precariza la vida y mantiene niveles insosteniblesde desigualdad. Por un lado, los jóvenes sufren la precariedad con contratos temporales,sueldos bajos y alquileres a los que destinan de media más del 90% de su salario (segúndato del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, 2024). Por poner un ejemplo, en la Comunidad de Madrid datos del Informe Estructura Salarial en la Comunidad de Madrid 2025 (CCOO) indican que el salario medio entre quienes tienen menos de 25 años apenas supera los 15.600 euros anuales, por debajo del umbral de la pobreza laboral. En paralelo, las personas mayores lidian con pensiones que, aunque se actualizancon el IPC, siguen siendo insuficientes para cubrir el coste real de la vida. Casi un 36% de las pensiones en España se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, de acuerdo con el estudio El Estado de la Pobreza. Pobreza yTerritorio. Comunidades autónomas y Europa 2024 (EAPN).

    Ambos viven, en realidad, las consecuencias de un mismo proceso: aumento de la especulación inmobiliaria, como indica Javier Gil en su ensayo Vivienda. La nueva división de clase, y la subordinación de la vida a la lógica del mercado. La vivienda o los cuidados se han convertido en mercancías inaccesibles, no por culpa de una generación, sino por un sistema que ha hecho de la escasez un negocio.Y mientras tanto, se difunde la idea de que los jóvenes no encuentran empleo porque los mayores no se jubilan, cuando la realidad es otra; el mercado laboral expulsa a quienes superan los 55 años al mismo tiempo que margina a quienes aún no han cumplido los 25, de manera que ambos extremos, los que intentan entrar y los que son empujados a salir, sufren la misma precariedad.

    Ambas generaciones padecen los efectos del debilitamiento de lo público y de políticas que han antepuesto el beneficio privado a la garantía de derechos. Los problemas son en gran medida, comunes; entonces, ¿por qué se nos intenta enfrentar? La respuesta probablemente esté en la estrategia detrás de esta falsa disputa: desplazar el conflicto de clases hacia un supuesto conflicto entre edades. Con ello se neutraliza la posibilidad de un bloque social capaz de reclamar redistribución.

    Aceptar el relato de la lucha entre generaciones es aceptar también la lógica de la escasez: si hay que ampliar el sistema público de pensiones,se insinúa que no habrá recursos suficientes para atender las necesidades de las nuevas generaciones.

    Pero la verdadera solución no está en recortar, sino en redistribuir. La auténtica lucha es de clase es la lucha entre quienes poseen o no patrimonio, entre quienes tienen acceso a propiedades y quienes dependen únicamente de su trabajo.Hoy el 10% más rico acumula casi el 60% del patrimonio del país, mientras las rentas del trabajo pierden peso en el PIB (World Inequality Lab, New Spain Wealth Atlas, 2022). Atajar esta desigualdad requiere una redistribución justa de los recursos, lo que solo se consigue con una fiscalidad progresiva que haga que los grandes patrimonios y las empresas contribuyan de manera real y efectiva. De ahí que la verdadera discusión intergeneracional sea, en realidad, una discusión sobre la estructura de poder.

    El conflicto no esentre boomers y millennials, sino entre quienes viven de su trabajo y quienes viven del capital. Mientras sigamos cayendo en la trampa de la lucha entre generaciones, seguiremos desviando la atención de lo realmente importante: cómo redistribuir la riqueza para frenarla desigualdad de clase. 

    Ángel Muñoz Muelas es codirector de Ideas en Guerra

    Más información: ideasenguerra.com