Confederación Sindical de Comisiones Obreras | 18 febrero 2026.

Revista Trabajadora 88 (Noviembre, 2025)

Diversidad sexual y de género / No en nuestro nombre, de Pol Mena Gironés

    Quienes ayercriminalizaban almovimiento LGTBI+en España, quienes loperseguían con leyesde peligrosidad social,ahora se disfrazande aliados solo parareforzar la lógica delenemigo exterior. 

    04/02/2026.
    Manifestación del Orgullo de 2025 en Madrid.

    Manifestación del Orgullo de 2025 en Madrid.

    HÁCE DOS DÉCADAS exactas España se convirtió en uno de los primeros países del mundo en aprobar el matrimonio igualitario. Fue una victoria arrancada por la lucha de mucha gente que puso el cuerpo, que se lo jugó todo, gente como Pedro Zerolo, que convirtieron su vida en una barricada alegre contra el odio y la invisibilidad.

    Aquella fue una conquista fruto de una movilización que venía de las primeras marchas del Orgullo y de la memoria todavía reciente de la represión. A aquellos que venimos de estos ecos nos parece indignante que, en pleno siglo XXI, se prostituya esa bandera de dignidad para fines que la contradicen: convertir la defensa de los derechos LGBTI+ en coartada para legitimar dos de los viejos fantasmas de Europa, el colonialismo y el racismo. Como si acabar con las desigualdades de la comunidad LGBTI+ pudiera servir de barniz para justificar la masacre y el genocidio de un pueblo —el palestino— o como herramienta para volver a levantar muros contra la inmigración. No es nuevo. Se llama pinkwashing en la jerga internacional: usar la bandera arcoíris como detergente para blanquear violencias mucho más sucias.

    Se nos dice que “Occidente” protegea las personas LGBTI+ mientras los “otros” —los musulmanes, los inmigrantes, los árabes—representan la barbarie LGBTI+fobia. El truco es tan viejo como el poder: crear un “nosotros”civilizado que se autoriza para bombardear, expulsar y reprimir a un “ellos” convertido en amenaza existencial. El resultado es que el Orgullo, que nació como revuelta contra la exclusión, termina reciclado en propaganda de guerra y en campañas xenófobas.

    Una paradoja obscena: quienes ayer criminalizaban al movimiento LGBTI+ en España, quienes lo perseguían con leyes de peligrosidad social, ahora se disfrazan de aliados solo para reforzar la lógica del enemigo exterior.

    En su boca, la palabra “diversidad” no es más que un proyectil. La izquierda no puede aceptar esta instrumentalización. Porque detrás del decorado de tolerancia se esconde la misma fábrica de muerte: misiles cayendo sobre Gaza mientras se iza una bandera multicolor en la embajada, leyes de extranjería endurecidas mientras se reparten pulseritas arcoíris en actos institucionales.

    Esa doble moral no es un accidente, es la estrategia.Europa, incluida España, corre el riesgo de convertirse en un parque temático de la tolerancia para unos pocos y un campo de exclusión para los demás. Convertir los derechos en privilegios al servicio del poder es la forma más refinada de contrarrevolución. Y frente a eso, elsindicalismo confederal y de clase, la izquierda social y política tienen la obligación de recordarque la libertad o es universal o es mentira. La defensa de los derechos LGBTI+ no necesita misiles, necesita justicia social. No se defiende el orgullo en Gaza lanzando bombas, ni levantando concertinas.

    Defender la dignidad humana pasa por lo contrario: derribar muros, parar genocidios y garantizar que los derechos no dependan del pasaporte ni de la religión. Porque no olvidemos: este país todavía lleva las cicatrices de un régimen que persiguió la homosexualidad con leyes de peligrosidad social, que encarceló, silenció y humilló.

    Y fue la resistencia, la memoria y la lucha —la del movimiento LGBTI+, la del antifranquismo, la dequienes soñaron libertad en las cárceles y en las calles— la que abrió el camino a las conquistas que hoy disfrutamos.Si permitimos que esa memoria sea prostituida para justificar la limpieza étnica en Palestina opara levantar nuevas fronteras contra migrantes desesperados, estaremos traicionando no solo a Zerolo, a Stonewall, a las primeras marchas del Orgullo en Barcelona y Madrid, sino tambiéna quienes en la clandestinidad antifranquista se jugaron la vida por un país libre e igualitario.

    El genocidio y el racismo no caben bajo ninguna bandera del arcoíris. El Orgullo que nació de la revuelta no puede convertirse en propaganda de guerra ni en alfombra roja del odio. La verdadera España democrática y diversa se mide por su capacidad de acoger, de solidarizarse, de ponerse al lado de las víctimas y no de los verdugos.

    Pol Mena Gironés es coordinador del ámbito LGTBI de CCOO Cataluña