El 91% de los contratos firmados en 2015 fueron temporales

    Desde que comenzó la crisis, ha sido 2015 el año de mayor crecimiento de la economía y de la actividad, pero también la precariedad laboral ha aumentando a una gran velocidad. Según informa la Secretaría de Acción Sindical de CCOO, la contratación temporal, y en paralelo la disminución de la duración media de los contratos temporales, la rotación laboral y el empleo a tiempo parcial ha alcanzado valores a los que nunca se había llegado.

    04/02/2016.

    El número de contratos registrados en los Servicios Públicos de Empleo (SPE) durante 2015 alcanzó cifras muy similares a las logradas en 2007, año en que estábamos en pleno apogeo económico. Este es un dato que, a priori y en términos globales, es positivo, pero que sin embargo esconde la cruda realidad del mercado de trabajo español: el aumento vertiginoso de los contratos de mala calidad entre los empleos que se están generando. De los 18,6 millones de contratos registrados en 2015, 17 millones (91%) fueron temporales, cifra muy superior a la registrada en 2007, de manera que solo nueve de cada cien contratos formalizados en el último año fueron indefinidos.

    La contratación indefinida también creció, pero sólo con respecto a los años inmediatamente anteriores y a un ritmo mucho más lento. De hecho, el número de contratos indefinidos registrados en 2015 fue muy inferior a los de 2007 (-711.219), al contrario de los sucedido con los contratos temporales (+665.391).

    Por otro lado, los contratos a tiempo parcial también aumentaron de manera importante, pasando de representar un 24% de los contratos registrados en 2007 a un 36% en 2015. Creció tanto entre los contratos temporales como entre los indefinidos, si bien cabe destacar que el 90,3% de los contratos a tiempo parcial fueron temporales.

    El incremento de la contratación a tiempo parcial es consecuencia directa de las modificaciones legales que tenían como finalidad última flexibilizar hasta su máxima expresión la contratación a tiempo parcial, y no posibilitar la elección por parte de los trabajadores. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), más del 60% de las personas que trabajan con jornada parcial lo hacen de forma involuntaria, no encuentran empleo a tiempo completo, y sólo un 7% no quiere trabajar a tiempo completo.

    Además, la duración media de los contratos temporales disminuyó pasando de casi 79 días en 2007 a algo más de 53 en 2015. Tendencia que se registró en todos los sectores económicos, pero en industria fue más acentuado: pasando de una duración media de algo más de seis meses a algo menos de dos meses.

    Se ha producido un crecimiento desorbitado de los contratos temporales de una semana o menos de duración, que pasaron de 2,8 a 4,6 millones. También aumentaron los contratos que tienen una duración inferior al mes, que llegaron en 2015 a más de 7 millones.

    Resulta cuanto menos “curioso” y, a la vez “alarmante” que en 2015 el número de asalariados temporales estimado por la EPA fuese muy inferior al estimado en 2007, mientras que el número de contratos temporales registrados fue muy superior. Esto da idea de la brutal temporalidad y rotación del mercado laboral: que pasa de poco más de 3 contratos temporales que firmaba cada persona de media al año en 2007 a casi 5 en 2015.

    El repunte de la contratación y las características de los contratos firmados muestran una salida de la crisis marcada por la precarización del empleo. La dinámica de contratación de las empresas, favorecida por las reformas laborales acometidas, revela su preferencia en el uso de las modalidades temporales frente a la indefinida y de la jornada a tiempo parcial frente al tiempo completo. Todo esto indica que el empleo se está repartiendo entre más personas y que las empresas prefieren optar por las modalidades contractuales más precarias a pesar de los incentivos a la contratación indefinida que existen. Cuestiones muy ligadas al modelo de crecimiento en el que nos seguimos sustentando.

    Si a los datos sobre la contratación registrada se suma la devaluación salarial fomentada por la reforma laboral, los datos sobre de afiliación a la seguridad social (en diciembre de 2015 el 52% de la población asalariada afiliada al régimen general tiene un contrato temporal y/o una jornada parcial), el aumento de riesgo de pobreza entre los trabajadores y trabajadoras y en particular entre los que tienen contratos a tiempo parcial que ha pasado del 18,7% en 2013 al 22,9% en 2014[1], el elevado paro de larga duración, el paro juvenil y el descenso continuo de la tasa de cobertura por desempleo, se pone de manifiesto que todavía estamos muy lejos de una auténtica recuperación, y que ésta no ha llegado al empleo ni al conjunto de la sociedad, sino que llega de la mano de la precariedad laboral y de la desigualdad social.

    Ante este panorama, para CCOO es necesario adoptar una estrategia de largo recorrido en la que deben combinarse: una política económica que fomente el cambio estructural del aparato productivo y promueva el uso eficiente de los recursos públicos, y que contribuya a sacar la economía española de su patrón tradicional de crecimiento de bajo valor añadido, sin industria, empleo inestable y salarios bajos; con medidas urgentes para la recomposición de la relación de empleo estándar y de los equilibrios de fuerzas entre capital y trabajo, y con una política social en el que las personas pasen a ser el centro y contribuya a paliar las situaciones de desigualdad y exclusión originadas por las políticas restrictivas adoptadas.

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