Otra temible versión de la 'gripe española', de Elena Blasco Martín

    EL VIRUS de la violencia contra las mujeres es aún más mortal que el de 1918. Lo causa un sistema de dos caras, el patriarcado y el neoliberalismo. Tribuna de Opinión publicada, el viernes día 30 de noviembre, en la revista El Siglo (N. 1271).

    03/12/2018.
    Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO.

    Elena Blasco, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO.

    HACE UNOS DÍAS, un artículo de Marta Rebón rememoraba la pandemia de gripe de 1918, que en tres años causó la muerte a unos 55 millones de personas. Su magnitud y rápida extensión cambió el mundo. Y propició que la medicina, la sociedad, los tratamientos, y la propia consideración de la gripe, tambalearan al mundo entero, consiguiendo aunar la fuerza internacional para su erradicación.

    El artículo situaba a las ‘fake news’ (en castellano, noticias falsas) como la pandemia de cultura viral del siglo XXI. Es asombroso que ahora no importe tanto qué se diga sino cómo se diga. No veo otra explicación para la normalidad con que se recibe cada nuevo caso de maltrato, acoso, violación o asesinato de una mujer; se acoge como una tragedia inevitable. Como una gripe especialmente temible.

    El virus de la violencia contra las mujeres es aún más mortal que el de 1918. Se manifiesta en multitud de situaciones, países, clases sociales, con contextos que aumentan la vulnerabilidad de las víctimas: ambientes bélicos, crisis económicas, falta de empatía... Lo causa un sistema dual de dos caras, el patriarcado y el neoliberalismo, que subsiste en lo simbólico mediante una arraigada cultura patriarcal y en lo económico estableciendo desigualdades estructurales de género y clase social.

    Como hace un siglo, cuando el virus se extendió con un efecto mariposa, éste se expande en un escenario globalizado. Entonces las ‘fake news’ crearon la leyenda maldita al denominarla “gripe española”, aunque su origen no se situó en nuestras fronteras. Ahora vemos aún medios y noticias que dan soporte a una ideología que sitúa a las mujeres en la inferioridad, definidas por una cultura patriarcal que carga sobre sus espaldas la responsabilidad de la agresión, incluso del óbito. Culpar a la víctima es un mecanismo que el orden patriarcal ha aplicado durante siglos, anticipando tácticas propias de las ‘fakes news’.

    Vivimos un momento con muchos feminismos, unos centrados en el reconocimiento de las formas de construcción (y deconstrucción) de la identidad sexual; otros, como el nuestro, centrados en la redistribución material y en la justicia social, junto a otros intersectoriales, multiculturales o ecológicos. Que quede claro: todos los feminismos suman y es imprescindible articular su lucha.

    La justicia social debe tener presente la justicia de género y para lograrlo es prioritario extender el empleo de calidad, condición previa para el empoderamiento individual, colectivo y genérico, de las mujeres. Sin igualdad en lo económico no hay libertad personal.

    Ante el virus de la violencia, solo cabe un antídoto: la vacuna de la igualdad efectiva. Se obtiene con pensamiento crítico, educación en igualdad, políticas públicas que tengan en cuenta el impacto de género, con poderes públicos que asuman como cuestión de Estado la lucha prioritaria contra las violencias machistas para erradicarla de raíz. Y con medios de comunicación que entiendan que su papel no sólo consiste en contar la realidad, sino en fomentar una ciudadanía crítica, informada, capaz de discernir entre realidades inasumibles que requieren intervención social para evitarlas y catástrofes que resultan inevitables. La violencia contra las mujeres no es una plaga bíblica.

    Hace un siglo la humanidad supo responder ante una temible pandemia gripal; se detectó, se coordinó la intervención para hacerla más efectiva y se frenó. La violencia contra las mujeres es la pandemia viral más vieja de la humanidad, pero hoy conocemos sus causas y cómo enfrentarla. Quedarse en anecdóticas ‘fake news’ que insensibilizan es sucumbir a la manipulación y a la impunidad. La violencia patriarcal no puede ser otra temible versión de la “gripe española”.

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