Nos movemos contra la brecha salarial

    Brecha salarial de género: situación actual del empleo y la remuneración en los sectores de CCOO Servicios; propuestas de actuación y conclusiones.

    19/03/2019.
    Nos movemos contra la brecha salarial, de la Federación Estatal de Servicios de CCOO.

    Nos movemos contra la brecha salarial, de la Federación Estatal de Servicios de CCOO.

    LA BRECHA salarial, entendida como la diferencia entre hombres y mujeres en la remuneración obtenida ante un mismo trabajo realizado, constituye el principal motivo de inequidad e ineficiencia en el desarrollo profesional de las mujeres, poniendo en peligro la principal herramienta para una vida digna: el salario obtenido en el puesto de trabajo y el derecho a la posterior pensión de jubilación tras la vida laboral activa.

    La Constitución Española (1978), el Estatuto de los Trabajadores (1980) y posteriormente la Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres (2007), sentaron las bases legales para llegar a la igualdad de género, real y efectiva, en el ámbito laboral. Sin embargo, reformas laborales posteriores (2010, 2012), así como modificaciones institucionales en este ámbito de actuación (eliminación en 2010 del Ministerio de Igualdad creado en 2008), han provocado el mantenimiento e incluso agravamiento de actuaciones discriminatorias hacia las mujeres en el mercado de trabajo. Pero esta discriminación no se produce solamente en el mercado de trabajo, sino que es consecuencia directa de un patrón social arcaico, pero aún vigente en la sociedad, en el que a pesar de los avances y la mayor sensibilización hacia la igualdad entre hombres y mujeres, todavía falta corresponsabilidad a la hora de encargarse de las responsabilidades familiares o del cuidado de las personas en situación de dependencia. Los niveles de desigualdad que se están constando hoy en día tras la profunda crisis económica por la que ha atravesado la economía española en los últimos años, son consecuencia, entre otras razones, del funcionamiento de este mercado de trabajo injusto que discrimina laboralmente, entre otros colectivos, a las mujeres. Una discriminación multifacética derivada del hecho de que ellas trabajan más frecuentemente a tiempo parcial que los hombres, porque la sociedad les exige a ellas dedicar más tiempo al cuidado de hijos y familiares; porque no consiguen romper el techo de cristal en las empresas, a pesar de los intentos normativos para pedir más transparencia en las políticas de remuneración; y también porque ellas trabajan en los sectores peor remunerados. Y aunque la crisis económica ha afectado a la destrucción de empleo sin distinciones de género, es evidente que el efecto negativo en el empleo femenino ha sido más notorio.

    Por todo ello, la brecha salarial no es un problema que pueda abordarse solamente desde el ámbito de la negociación colectiva, sino que es preciso que los gobiernos adopten medidas de fomento del empleo que conduzcan a reducir los índices de temporalidad y parcialidad del empleo femenino, así como medidas de conciliación de la vida laboral, familiar y personal que permitan incrementar la participación de las mujeres en el mercado laboral y conseguir así la igualdad económica entre ambos sexos.

    Pero intentar cuantificar la diferencia salarial entre hombres y mujeres, es una cuestión no exenta de dificultades técnicas en función de las variables que se quieran considerar, no siempre tangibles y mensurables, así como de los criterios seguidos para su valoración. Por ejemplo, se suele acudir al valor del salario medio, pero es evidente que la desigualdad económica entre hombres y mujeres se agranda exponencialmente en los estratos más altos de remuneración, ya que las mujeres tienen una presencia ínfima en ellos. Y eso a pesar de que las mujeres, en el conjunto de la población activa, tengan niveles de cualificación superiores a los hombres. Además, la remuneración también varía para una misma ocupación en diferentes sectores, pero las ocupaciones menos remuneradas siguen siendo a día de hoy las más feminizadas. A estos condicionantes se une también el hecho de que la duración de la vida profesional de las mujeres es más reducida que la de los hombres, porque ellas acceden más tarde al mundo laboral debido a su permanencia en el sistema educativo y una vez que acceden siguen siendo ellas mayoritariamente las que interrumpen sus planes de carrera profesional, con excedencias y reducciones de jornada, e incluso dejando sus empleos, por motivos familiares; en consecuencia, al inicio de la vida laboral mujeres y hombres tienen niveles salariales más parejos que en etapas posteriores, donde la brecha aumenta aún más porque el tiempo de cotización es un elemento fundamental para el cálculo de la protección social por desempleo o jubilación.

    El análisis de los datos estadísticos recogidos por el SEPE en sus análisis del mercado de trabajo en España, de los datos ofrecidos por el INE sobre la estructura salarial del empleo, los indicadores de calidad de vida y de cohesión social, o los datos de afiliación al sistema de Seguridad Social ofrecidos por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, se desprende la conclusión de que la brecha salarial de género sigue existiendo en nuestro mercado de trabajo.

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