La inquietante referencia irlandesa

    Artículo de Unai Sordo publicado en su blog

    02/12/2019.
    Unai Sordo, secretario general de CCOO

    Unai Sordo, secretario general de CCOO

    Hasta el momento, la contaminación del debate político en España asociada al ascenso electoral de VOX, se ha centrado en tres o cuatro elementos aglutinantes recubiertos de un discurso antipolítico con las CCAA como chivo expiatorio: la situación en Catalunya abordada desde la alteridad en clave de nacional-populismo español; la misoginia, como una reacción al empoderamiento político de las mujeres a través del feminismo; la emigración relacionada con la inseguridad y la falsa idea de aprovechamiento del estado de bienestar de forma ventajista por parte de las personas migradas. Al más puro estilo Bannon, todo trufado de mentiras, datos falsos y personajes de ideología abiertamente neofascista.

    En la parte del centro-derecha, que ha normalizado institucionalmente este subproducto político, la gran aportación es una especie de liberalismo simplón basado en la demonización del sector público y la correspondiente “impuesto-fobia”. Auténtico populismo fiscal basado en la homeopática curva de Laffer para situar como el bálsamo “curalotodo” la bajada de impuestos.

    Una vez más es Madrid el territorio vanguardia en esta estrategia que conviene no despreciar, pues precede a un deterioro de los servicios públicos y su privatización concertada, provocando una sociedad más desigual y con tendencias a la guetización. El “efecto capital”-con todo lo que implica en generación de actividad y residencia empresarial y administrativa-, otorga unos márgenes para “torear de salón”, e incluso impulsar una especie de sedición fiscal muy peligrosa para otros territorios y que debiera combatirse ferozmente desde la España vaciada, acechada por el riesgo de esta idea de dumping fiscal que apenas se disimula en las declaraciones de responsables políticos de la comunidad madrileña.

    Prueba de lo afirmado son declaraciones como las que a mediados de septiembre realizó la presidenta Díaz Ayuso afirmando que “no competimos [Comunidad de Madrid] regionalmente en España, competimos con lugares como Irlanda, con hasta nueve puntos menos de presión fiscal”.

    Estas declaraciones, que pueden parecer frívolas –y quizás lo sean- no debieran caer en saco roto -por si no lo son-. La ligereza aparente de los mensajes de los neocon suele esconder bastante trasfondo y tienen una característica: son performativos. No están pensados para describir o para construir reflexión, sino que están destinados a convertirse en acciones y en definir contornos interpretativos en los que “insertar” esa acción que se pretende ejecutar, tras la previa labor de zapa del lenguaje. Disputa de hegemonía, en definitiva.

    Conviene por tanto atender al ejemplo irlandés, auténtico caballo de Troya fiscal dentro de Europa, porque puede dar pie a comparativas fake que avalen esa supuesta relación entre bajada de impuestos y mejor marcha de la economía. Y aunque ese planteamiento sea un disparate, suele ser más difícil desintegrar un átomo que un prejuicio, con lo que no vendría mal contrarrestarlo de forma permanente.

    Las estadísticas económicas de la República de Irlanda son sorprendentes por tres razones: algunos de sus datos son casi inverosímiles por su enorme magnitud; en algunos casos, son contradictorios entre si en cualquier explicación normal; las diferencias entre unas previsiones económicas y otras, a veces con tan sólo seis meses de diferencia, son tan grandes que no pueden corresponder a tendencias normales y no se dan en ningún otro caso.

    La única explicación verosímil es que Irlanda está recibiendo enormes flujos de capital procedentes del fraude y la elusión fiscal, principalmente de las grandes empresas multinacionales. Los capitales no necesariamente se quedan en Irlanda sino que una parte importante de ellos está de paso. Una ruta conocida va de los países europeos (y de otros continentes) defraudados a Irlanda, luego a Holanda y, finalmente a paraísos fiscales más clásicos, por ejemplo tres territorios bajo soberanía del Reino Unido: Bermudas, Islas Vírgenes, Islas Caimán.

    Llama la atención lo poco que se ha reparado en datos que en algunos casos –crecimiento del PIB en 2015- son récord en la historia económica del mundo. O en el intento de la Comisión Europea presidida por Juncker, reclamando que las grandes empresas con filiales en Irlanda pagasen el tipo regular del impuesto de sociedades en lugar de lo convenido en acuerdos más o menos secretos (en el caso de Apple se dejaron de pagar ni más ni menos que 13.000 millones de euros en siete años, provenientes de la diferencia entre pagar el 12,5% de los beneficios declarados en Irlanda y lo que establecía el convenio suscrito entre Apple y el Gobierno por el que la multinacional norteamericana sólo pagaría el 0,05%, es decir: ¡nada!)

    El problema va más allá́ de un problema “interno” irlandés, porque esos beneficios están generados por ventas en cualquier país europeo que, a través de la ingeniería financiera -basada en desmesuradas royalties y en supuestos préstamos internos a pagar a la filial irlandesa- se imputan como generados en Irlanda. Los datos de los inverosímiles superávits comerciales –Irlanda no produce y exporta mercancías para tenerlos- no son sino una prueba de la perpetración de una gran operación de fraude y elusión fiscal por parte del Gobierno de Irlanda y las empresas multinacionales.

    La falta de armonización fiscal, incompatible con pertenecer a una zona monetaria común, y la competencia fiscal a la baja que genera, están en la base de esta insostenible situación. El ejemplo más reciente es la pugna a la baja de Rumania y Bulgaria en el tipo del impuesto de sociedades que han terminado por igualarlo en los dos países a sólo el 10%, por debajo ya del de Irlanda.

    Pues con estas lógicas pretende competir el tripartito constitucionalista -a tiempo parcial- pues parece que en su lectura de la Carta Magna, obvian el artículo 31 que dice eso de “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. Eso sí, con banderita en el balcón.

    Y para avalar algunas de las afirmaciones realizadas en el texto, se incluyen algunos datos escogidos de las sorprendentes estadísticas macroeconómicas de Irlanda, según Eurostat/Comisión Europea (Anexo Estadístico de las Previsiones de Otoño, 7/011/2019). Todo basado en los datos trabajados por Javier Doz para el estudio preparatorio del proyecto de Dictamen del CESE: «Medidas efectivas y coordinadas de la UE contra el fraude fiscal, la elusión fiscal, el blanqueo de capitales y los paraísos fiscales»

    – Crecimiento del PIB: en 2015: +25,2%, record histórico mundial; el crecimiento del PIB per cápita de ese mismo año, el 24,0%, por supuesto no ha llegado a los irlandeses, ni siquiera acumulado en los bolsillos de los más ricos. A pesar de los grandes crecimientos del PIB en 2017 y 2018, la demanda interna cayó en esos años en un -0,6% y -8,6% respectivamente, lo que indica que todo el crecimiento proviene del sector exterior, previsiblemente de los flujos de capital producto del fraude y la elusión fiscal.

    – Inversión: en el año 2015 la inversión total creció respecto al año anterior 52,9% y el 50,6% en 2016, para caer en los dos años siguientes: -6,7% y -21,1%. La previsión para 2019 vuelve a ser de un crecimiento enorme: +44,3%. Los cambios los produce lógicamente la inversión privada. En los años de gran crecimiento de la inversión total la pública sólo subió́ un +1,8% y +1,9% en 2015 y 2017, y se prevé́ crezca un 2,3% en 2019.

    – Gasto Público y presión fiscal: el gasto público, que en el periodo 2010-2014 supuso el 46,4% del PIB, va a descender a sólo el 25% del PIB en 2019; con diferencia el más bajo de la UE (su media el 45,2%). La presión fiscal es del 25,3% del PIB (2019), también con mucha diferencia la más baja de la UE (45,0% del PIB, en la UE,). La combinación de tipos impositivos bajos, muy bajos para las empresas, y crecimientos enormes -¿reales?- del PIB, producen estos efectos.

    – Balanza comercial y por cuenta corriente: es una de las variables más significativas y reveladoras del papel de Irlanda como paraíso fiscal. Los superávits, como porcentaje del PIB, entre 2015 y 2019 –previsiones- han sido: 43,1%; 39,0%; 36,7%; 34,9%; y 34,1%. Tampoco hay parangón en la historia de las estadísticas económicas. Por comparar, Alemania, la gran exportadora europea ha tenido, en el mismo periodo, superávits comprendidos entre el 8,2% (2015) y el 6,4% del PIB (2019). China, la gran exportadora mundial, va a terminar el año con un superávit comercial del 3,8% del PIB. ¿Qué mercancías vende Irlanda en tan grandes cantidades el resto del mundo? No parece posible otra explicación que la de contabilizar las ventas que las Empresas Multinacionales realizan en el resto de Europa y en otros países de fuera de la UE, en virtud de la ingeniería financiera.

    Que buena parte de los capitales que entran vuelven a salir, lo dicen las cifras más moderadas de la balanza por cuenta corriente: en 2018 tuvo un superávit notable, del 10,8% del PIB; los pronósticos de primavera apuntaban a una reducción al 8,5% del PIB; pero los de otoño lo convierten en un ligero superávit de solo el 0,8% del PIB. Esta variación es insólita (en todas las variables de todos los demás países los cambios son de entre una a tres decimas arriba o abajo entre ambas previsiones) y es una nueva prueba del origen de todo: el volumen siempre cambiante de los flujos de capital procedente del fraude y la elusión.

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